Mi espejo ha de ser la Virgen María

14/09/2016

¡Mi espejo ha de ser María, visto que soy tu hija!

Virgen María

Conozca el testimonio de Angelina Carraro, una mujer que dice con convicción.

“Mi espejo ha de ser la Virgen María. Puesto que soy tu hija”. De hecho, esta frase de querida Santa Teresa de Los Andes es el norte de toda mi vida espiritual. Explico tal afirmación.

Mi nombre es Angelina, tengo 25 años, soy madre de Juan Benito, casada casi cuatro años y esclava de amor a Jesús por las manos de María hace seis años. Nací en familia católica, hizo catequesis, primera Eucaristía y Crisma, pero he dejado de frecuentar la Iglesia luego en el inicio de la adolescencia.

Terminé la escuela secundaria y entré en la facultad, donde me he apartado aún más de Dios y comencé a vivir un ateísmo práctico. Mis maestros y colegas de turma, en su gran mayoría, se burlaban de la fe católica y se declararon ateo. Yo nunca tuve contacto con esta realidad y, por estar débil en la fe, me entregué al pensamiento relativista que dominaba mí circulo de estudios. Por mí misma, jamás conseguiría salir de aquel medio. Hasta que un día, con interés ajeno a la Iglesia, fui participar de un grupo de oración en el día de las madres.

Virgen María, un encuentro y un matrimonio

Una joven dio una predica que dijo sobre la Virgen María. Él dijo con tanta convicción de la ayuda de la Madre de Dios que me quede persuadida a hacer una tentativa. Estaba cerca del calendario de evaluaciones semestrales y nunca fui una de las mejores alunas en la facultad. Me decidí “testar” Nuestra Señora y he rezado diciendo que si realmente existe, podría ayudarme ir bien en la evaluación, que tengo mucha dificultad. Dios usa pequeñas cosas para atraernos. Resultado: Tuve una nota muy buena en la evaluación. A partir de eso, comencé a rezar, aún más con más confianza, para que la Virgen María me ayude en los pequeños quehaceres. Como una hija mimada, en el comienzo de la conversión, yo era siempre atendida por la Madre. Sin embargo, aún no había abandonado todas las realidades que me aparta de Dios. No tenía fuerzas. ¡Fue ahí entonces que Virgen María me envió un gran auxilio!

Comencé a frecuentar Misas todos los días y encontrar la paz que había hecho a la predica sobre Nuestra Señora. Juzgaba imposible, algún tipo de aproximación, visto que nuestro estilo de vida era completamente diferente. Aún sin conocer, comencé a cambiar todos mis hábitos, porque pensaba que personas como este hombre, no quería nada con mujeres como yo. Eso me fue dando fuerzas para abandonar todo que era necesario. Fue la misericordia de Dios en mi vida. Un día, él descubrió mi interés y rezamos durante un mes, con Rosarios diarios, en esta intención. Yo no sabía rezar ni la “Dios te salve” y me confundía con muchos títulos de Nuestra Señora. Pero, comencé a estudiar mucho para no pasar vergüenza delante de mi futuro esposo. Nuevamente, aquel que me presentó María, me ayudo a no alejarme de ella. Son los caminos de la providencia para las almas más necesitadas.

Empezamos un relacionamiento serio, un noviazgo, vivimos la castidad y finalmente nos casamos. No teníamos dinero ni para la alianza. Nuestra virgen alcanzó todo de Jesús, así como en Caná (Jn 2, 1-12). Jesús es quien concede las gracias. Pero, como es tan fácil cuando es Su Madre que pide por nosotros. Hasta hoy no sé como aquellas cuentas todas fueron pagas. Habíamos solo la fe de que una madre no niega una fiesta de matrimonio a los hijos, caso tuviera condición. Nuestra Señora tenía todas las condiciones, porque fueron dadas por Dios, y es la mejor de las Madres. Fue todo muy bonito, como soñamos.

matrimonio

Matrimônio de Angelina e Javan

La modestia y la familia en la escuela de la Virgen María

En esta época, yo era consagrada y pensaba que todas los cambios que Dios quería operar, ya habían realizados. Era un engaño. Nuestra Señora no es una Madre de obras inacabadas y no descansará mientras no entregar sus hijos a Jesús como grandes santos. Es un proceso que llevara toda nuestra vida. Quien es consagrado puede confirmar la sensación de estar siempre “en obras” en las manos de Nuestra Señora. Ella es como la madre que arregla todos los detalles del hijo pequeño antes de una presentación importante. Ella trabaja en nosotros para llevarnos hasta su Hijo de la forma más perfecta posible.

Un día, pesquisando sobre perfumes, empecé a conversar sobre un asunto que hasta el momento yo no iba dar tanta atención: la santa modestia. Confieso que me quedé un mes en lucha interior para decir no a mis ideales femeninos y entrar en la escuela de María. Aquello que me molestaba mucho y comencé a pedir que Nuestra Señora me diera la docilidad necesaria para hacer la voluntad de Dios en todas las áreas de mi vida. Después de un periodo de conflictos, recibí la gracia de comprender y amar esta virtud tan querida por Dios. No fue fácil cambiar ciertos hábitos y posturas.

Yo, siempre tuve la mentalidad de ser una grande profesional con varios títulos y pocos hijos, fui notando que la Virgen María fue abriendo mi corazón para la familia y maternidad.

Cada una con sus historias y realidad de vida, pero con un inconformismo con lo que nos impone por el mundo. Buscamos la libertad de vivir como hijas de Dios en todos los aspectos, sabiendo que lo que podemos hacer de más valioso no es generar lucros en el mercado de trabajo, pero amar e guiar nuestras familias para el Cielo.

Aprendiendo a amar en la escuela de Nuestra Señora

Siempre he rezado para nunca perder un hijo. No se explicar el motivo, pero tuve este miedo por años. Preferí no embarazar para no pasar por este sufrimiento. Un día, conocí la historia de la madre de Santa Teresa, que enterró cuatro hijos. En el velorio de una de los niños, que dice la respuesta dada a una señora que abordó diciendo que era mejor no tener hijos que pasar por aquella situación. La respuesta fue como una lanza para mí. Ella prefería pasar por todos los sufrimientos en esta tierra para tener la gracia de un hijo en el Cielo, que dar la existencia a un hijo. Era esta meta de ella. No una familia de comercial de margarina. Santa Zélia deseaba una familia santa, de hecho, tuvo. Después de leer eso, he rezado pidiendo que la Virgen María me libre del egoísmo que ella me enseñase a sufrir todo que era necesario por mi familia.

En esta época, después tres años de tentativas, me quedé embarazadas. Tuve mi ‘João Bento’ llegó y mi vida de alegría y gratitud. Siempre he consagrado en las manos de Dios para que el pudiera hacer de él un santo, no importando lo que tendría que pasar. Dios lo hizo, llevando mi hijo directo para Sus brazos sin pasar por los míos. Entré en la escuela de María, conociendo un poco del sufrimiento de la madre que perdió su hijo. Soy muy agradecida a Dios por esta oportunidad de ser madre, amar y sufrir por mí familia.

Por las disposiciones de la Providencia, mi madre estaba viajando y mi esposo también. Era yo y la Virgen María. Ella me enseño todo en aquel momento. Ella me sostiene y me pone a los pies de Cristo. Por eso, dije como un ángel: “No temas en recibir María” (Mt 1, 20).

¡Por todo que he testimoniado y tantas otras experiencias que viví, hoy puedo decir con toda seguridad que mi espejo ha de ser María, visto que soy tu hija!

Angelina Carraro, esclava de amor a Jesús por las manos de María.

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Natalino Ueda
Formado en Filosofía y Teología

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