No debemos abandonar el camino de la Cruz

En el camino de la Cruz nuestra fe se vuelve madura

Cuando llega la Semana Santa, aquel que camina con Jesús el camino de la Cruz, es capaz de dar el grito de ¡victoria! Victoria sobre el pecado y sobre las adversidades, pues, quien recorre ese camino, crece en la fe y en la alegría. Es un camino de flagelos, cansancio, de vergüenza y de dolor. Por eso, para muchos, la cruz fue y es un símbolo que causa miedo. Y no es fácil, el camino es arduo y, en ocasiones solitario.

Foto: Archivo Canción Nueva

Foto: Archivo Canción Nueva

Cada uno tiene su propia Cruz

La vida cotidiana, a veces, es un camino de Cruz y cada uno tiene la suya, tiene su propio calvario y su propia multitud. En ocasiones pasa que pensamos, muchas veces, que podemos tirar la Cruz y huir. ¡Pero esa es la peor elección! Debemos tener paciencia, pues así como Simón el Cireneo le ayudó a Jesús a soportar el peso de la Cruz, Dios colocará personas en nuestra vida que nos ayudarán a transitar ese camino.

Como somos humanos, somos ansiosos, no logramos lidiar bien con la expectativa de lo que vendrá. El camino de la Cruz es un camino de paciencia en medio del dolor, en medio de la expectativa de la victoria. Este proceso que hace madurar nuestra fe, también nos hace sufrir. Sin embargo, el sufrimiento es instrumento para el fortalecimiento de nuestra fe.

La fe se desenvuelve con la madurez de nuestro discernimiento

La fe no se desenvuelve sin la madurez de nuestro discernimiento y éste solo madura conforme tenemos experiencia con Dios. Experiencia que solo se adquiere recorriendo el camino de la Cruz. Necesitamos soportar el sufrimiento, el cansancio y el dolor, pero por sobre todo, aprender a vivir con la certeza.

Al madurar nuestro discernimiento, apuramos nuestra sensibilidad al actuar de Dios. Incluso en las circunstancias adversas, en la pérdida y en la tristeza, vemos que en todas las situaciones Dios nos está ayudando a recorrer un camino de crecimiento, de autonomía y de responsabilidad.

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El camino de la Cruz no es un camino que lo podamos transitar a las corridas; es un camino a ser recorrido con paciencia, paso a paso. Recordando el concepto de San Francisco de Asís: “Pequeños pasos posibles”, ya que a veces queremos dar pasos más largos de los que estamos listos para dar. Entonces, necesitamos comprender que: el crecimiento exige tiempo, que la paciencia es algo que madura lentamente, pero providencialmente en nosotros.

Huir no es la mejor elección, detenerse sí lo es

No huyamos del camino de la Cruz, es necesario soportar el peso para nuestro crecimiento y si crecemos en la fe, tenemos la esperanza en la providencia divina. Quien tiene esperanza en Dios, vive la certeza de la victoria. El camino de la Cruz es un camino de muerte, muerte a nosotros mismos, pero también, es un camino de resurrección y de vida. ¡Quien muere a sí mismo, nace para el Cielo!

María de Fátima
Misionera de la Comunidad Canción Nueva
Prédica durante los Jueves de Adoración Eucarística

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