Nostalgia del paraíso perdido

Todos los seres humanos antes de nacer nos sentimos completos y satisfechos porque tenemos todo lo que necesitamos para ser felices en el vientre materno. Toda la paz, el bienestar, el calor, y seguridad los encontramos en todo su esplendor justamente dentro los 9 meses de gestación.

Cuando nacemos la historia cambia, ya que es una sorpresa entrar a la realidad, entrar a un mundo en donde hace frio, sentimos hambre, dolor, sueño, malestar, donde hay ruido y sobretodo donde “no está mamá de tiempo completo”, donde nos sentimos vulnerables, donde algo nos hace falta.

Entonces el resto de la vida nos pasaremos buscando esa completud que nos fue arrebatada. La cuestión es ¿dónde la buscamos?

Algunas personas la buscan en el conocimiento, y toda su vida la dedican al área intelectual, a los estudios y la enseñanza, otras personas en cambio la enfocan en la vida material y aquí encontramos a las personas que tienen una excesiva sobrevaloración del dinero y los bienes materiales. También encontramos las personas que buscan completar ese vacío a través del cuerpo, entonces existe una sobrevaloración del mismo o una degradación a través de las adicciones. Y finalmente existen aquellas personas que desean regresar a ese estado de completud a través de lo espiritual.

No importa la manera en la que cada uno de nosotros decida llenar ese vacío, sea cual sea la forma siempre tendremos altas expectativas y pensaremos que esa es la manera en la que podemos dejar de sentirnos incompletos.

En el caso de la vida espiritual muchas veces nos encontramos con que algunas de las personas que ingresan al seminario o a la vida religiosa, están en busca de un cambio, piensan que el estar dentro los hará cambiar y ser como el ideal de sus mente. Sin darse cuenta de que la clave para llegar a ser como ellos quieren ser, es primero aceptarse así mismos, aceptar tanto sus cualidades como sus defectos, eso les dará un control sobre si mismos, sobre sus emociones, y les dará la posibilidad de ser asertivos.

Se podría decir entonces que el verdadero cambio comenzará con el reconocimiento y la aceptación, sin penas ni culpas de lo que “se es”.

Para ello es importante tener en cuenta que el gran reto es “trabajar con aquello que hay y no con lo que se quisiera que hubiera”.

Todos tenemos la capacidad y la posibilidad de sentirnos plenos, satisfechos y felices, siempre y cuando nos reconozcamos como seres en falta, vulnerables e incompletos pero con toda la capacidad para crecer.

Fuente: ALMAS

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