Nuestra confianza necesita estar centralizada en Dios

Es necesario siempre retomar esta enseñanza de Jesús en la vida personas, en la vida conyugal y en la familiar:

“No junten tesoros y reservas aquí en la tierra, donde la polilla y el óxido hacen estragos, y donde los ladrones rompen el muro y roban. Junten tesoros y reservas en el Cielo, donde no hay polilla ni óxido para hacer estragos, y donde no hay ladrones para romper el muro y robar. Pues donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón.

Tu ojo es la lámpara de tu cuerpo. Si tus ojos están sanos, todo tu cuerpo tendrá luz; pero si tus ojos están malos, todo tu cuerpo estará en obscuridad. Y si tu fuente de luz se ha obscurecido, ¡cuánto más tenebrosas serán tus tinieblas! Nadie puede servir a dos patrones: necesariamente odiará a uno y amará al otro, o bien cuidará al primero y despreciará al otro. Ustedes no pueden servir al mismo tiempo a Dios y al Dinero. Por eso yo les digo: No anden preocupados por su vida con problemas de alimentos, ni por su cuerpo con problemas de ropa. ¿No es más importante la vida que el alimento y más valioso el cuerpo que la ropa? Fíjense en las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, no guardan alimentos en graneros, y sin embargo el Padre del Cielo, el Padre de ustedes, las alimenta.

Foto: Wesley Almeida/cancionnueva.com.es

¿No valen ustedes mucho más que las aves? ¿Quién de ustedes, por más que se preocupe, puede añadir algo a su estatura? Y ¿por qué se preocupan tanto por la ropa? Miren cómo crecen las flores del campo, y no trabajan ni tejen. Pero yo les digo que ni Salomón, con todo su lujo, se pudo vestir como una de ellas. Y si Dios viste así el pasto del campo, que hoy brota y mañana se echa al fuego, ¿no hará mucho más por ustedes? ¡Qué poca fe tienen!

Por lo tanto, busquen primero su reino y su justicia, y se les darán también todas esas cosas. No anden tan preocupados ni digan: ¿tendremos alimentos?, o ¿qué beberemos?, o ¿tendremos ropas para vestirnos? Los que no conocen a Dios se afanan por esas cosas, pero el Padre del Cielo, Padre de ustedes, sabe que necesitan todo eso. No se preocupen por el día de mañana, pues el mañana se preocupará por sí mismo. A cada día le bastan sus problemas” (Mt 6, 19-34).

A lo largo de los días delante de las situaciones, otras cosas pueden convertirse el centro de nuestra vida. Es engaño pesarnos que Jesús enseña a no estar preocupado. Él nos orienta a cambiar el centro: nuestra confianza necesita estar centralizada en Dios. Pensar que las riquezas son el punto de apoyo para la existencia, hacernos creer que no somos necesitados del mayor valor que es Dios. Es prudente y sensato hacer una previsión económica sin exceso, pero emprender la vida acumulando cosas, pensando solo en la vida terrena, sin pensar en los valores del Cielo, muestra donde esta centralizado nuestro corazón; por lo tanto, cada valor necesita estar en su debido lugar.

Necesitamos cuidar siempre de nuestra mirada, porque la envidia entra por el ojo. A veces nuestra mirada es buena, a veces es malo; a veces es una mirada generosa, a veces es mirada mezquino. La mirada buena ilumana toda la persona, la mirada mala deja la persona a ciegas. La mirada sencilla ve brillante y hace la persona tener una mirada generosa.

Lee más:
.:Ven espíritu santo, calienta lo que está frio
.:Oración, fuerza en medio de la tribulación
.:La frustración de la espera de un gran amor

Cuando nuestro corazón se va harmonizando con el Padre del Cielo, que enseña a dar, crecer en nosotros la generosidad. El dinero, en muchos momentos, se levanta como el dio de nuestra vida. Él puede engendrar en nosotros el deseo excesivo por el poder y bienes materiales. No podemos dejarnos encantar por el dinero, al contrario, necesitamos adherir Aquel que esta por encima de todo. Es necesario tener cuidado para no ser poseído por los bienes y deseos, la mejor forma para no confundirse es mirar para el Dios verdadero, que es donador generoso. Delante de los propósitos que hacemos, un ideal de vida es esencial: ¡la confianza en Dios!

Texto extraído del libro “Matrimonio Fortalecido”, de Carla Astuti e Cleto Coelho.

Deja un comentario