Nuestra Señora nos enseña como restaurar una alma despedazada

30/01/2018

Nuestra Señora de la Concepción Aparecida nos enseña que, mismo delante de las tribulaciones, necesitamos rezar

En el día 16 de mayo de 1978, la imagen de Nuestra Señora de la Concepción Aparecida sufrió un atentado. Después de una caída de energía eléctrica, aprovechándose de la situación, un joven perturbado mentalmente rompió el vidrio donde ella se estaba, en la Basílica Vieja de Aparecida. Asustado al ser abordado por los guardias, dejó la imagen caer en el suelo, la cual queda reducida en más de doscientos pedazos.

Entre los pedazos de la imagen que restaron, las manos en oración permanecieron intactas. La imagen de Nuestra Señora de la Concepción Aparecida trae a todos una invitación a la vida de oración. Muchos se encuentran emocional, espiritual y psicológicamente despedazados. Fueron alcanzados por las tinieblas del miedo, de la enfermedad, del luto, de la tristeza, de la depresión, de la traición, desconfianzas, rabia y violencia, del abandono, de la falta de fe, del desempleo y de la falta de sentido en la vida. En medio a todas estas situaciones, el alma se encuentra despedazadas, en migajas; y, a primera vista, parece que nunca más podrá ser reconstruida.

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Foto Ilustrativa: Wesley Almeida/cancionueva.com.es

Proceso de restauración del alma

El proceso de restauración de la imagen de Nuestra Señora de la Concepción Aparecida fue delicado y exigió un minucioso trabajo, así nos relata María Helena Chartuni en su libro ‘La historia de dos restauración’, publicado por la editora Santuario. Cuando nuestra alma se encuentra en millones de pedazos, es necesario pasar por un delicado proceso de restauración espiritual y humana. Y Nuestra Señora Aparecida nos enseña que el proceso para restaurar el alma despedazada pasa por la vida de oración.

Sus manos puestas, en sentido de oración en medio a los más de doscientos pedazos, en el día del atentado, nos indica que la oración puede restaurar un corazón despedazado por las tempestades de la vida. Cuando el Arcángel Grabriel anuncia a María que Izabel estaba en el sexto mes del embarazo, él dice: “¡….porque nada es imposible para Dios!”. La confianza en Dios es esencial para que él restaure, con perfección, la historia de una vida despedazada. La oración nos une Aquel que tiene el poder de transformar un corazón fragmentado en una obra de amor.

Todo proceso de restauración deja marcas que no borran con el tiempo. Sin embargo, estas marcas son señales de que Dios trabajo en el alma con una ternura misericordia, juntando los pedazos que impedían el alma de ser plenamente feliz. Las cicatrices del alma son señales de herida sanada con el bálsamo de misericordia.

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Confianza en Jesucristo

Las manos preservadas de Nuestra Señora de la Concepción Aparecida, en el día en que la imagen sufrió el atentado, son una invitación permanente a confiarnos en Jesucristo nuestro Salvador y ponemos nuestra vida en las manos de Su Divino Hijo. Jesús conoce el corazón de cada persona y sabe de los dolores que rompe el alma humana. Por medio de la oración, adentramos en el Santuario de Su infinita misericordia y somos llevado a Sus cuidados por las manos maternales de la Virgen María, para que Su Hijo cuide de nuestra alma y restaure en vida nueva lo que las tinieblas otrora rompieron.

No tengamos miedo de dejarnos restaurar por Jesús. Él es el único que puede devolver nuestro corazón la paz interior que, por veces, sufre numerosos atentados diarios, robándonos el derecho de sernos felices.

Que María, la Señora de Aparecida, que confió plenamente en Dios, enseñanos a buscar, en la oración, el camino de la restauración misericordiosa, permanente y diaria de nuestra alma en Cristo.

Padre Flávio Sobreiro
Teólogo por la Facultad Católica de Pouso Alegre (MG), Sacerdote de la Arquidiócesis de Pouso Alegre (MG) – Brasil. Autor del libro “Amor sin fronteras” de la Editora Canción Nueva.

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