Oración a la Virgen de Guadalupe

¡La Virgen María está con nosotros y nos cuida!

En los momentos más determinantes y difíciles, los hijos recurren a sus madres en busca de su apoyo, contención y ánimo,  con Nuestra Madre del Cielo no es distinto pero además – como con Jesús (Jn 19,25) – Ella elige estar junto a la Cruz.

Hoy, por causa de la pandemia o tal vez por una situación particular, te sientas un hijo con miedo, angustiado o desesperanzado, ante ello debemos decir que atravesar por esos sentimientos es inevitable, sin embargo, nuestra fe es respuesta y fuerza para cada situación de la vida, nuestra Madre lo es.

La Virgen María, no trae otro mensaje más que el del mismo Jesús. Es Él quien en varios pasajes de las escrituras nos dice: “No teman” (Mt. 17, 7. Mt. 14, 27. Mc. 6, 50. Jn 6, 20 y muchos otros) y Ella, como Madre, viene a traernos el mismo mensaje, pues al revelárselo a Juan Diego, nos lo revela también a nosotros. Ante la inquietud y la preocupación de Juan Diego por la enfermedad de su tío, Ella, Nuestra Madre de Guadalupe, le dice las palabras más consoladoras y maternales que llegan hasta nosotros hoy:

“Hijo mío el más pequeño, […] no se turbe tu corazón; no temas esa enfermedad, ni otra alguna enfermedad y angustia. ¿No estoy yo aquí? ¿No soy tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿No soy yo tu salud?”

¡Oh Virgen Inmaculada,
Madre del verdadero Dios y Madre de la Iglesia!
Tú, que desde este lugar manifiestas
tu clemencia y tu compasión
a todos los que solicitan tu amparo;
escucha la oración que con filial confianza te dirigimos,
y preséntala ante tu Hijo Jesús, único Redentor nuestro.

Madre de misericordia, Maestra del sacrificio escondido y silencioso,
a Ti, que sales al encuentro de nosotros, los pecadores,
te consagramos también nuestra vida, nuestros trabajos,
nuestras alegrías, nuestras enfermedades y nuestros dolores.

Da la paz, la justicia y la prosperidad a nuestros pueblos;
ya que todo lo que tenemos y somos lo ponemos bajo tu cuidado,
Señora y Madre nuestra.

Queremos ser totalmente tuyos y recorrer contigo el camino
De una plena fidelidad a Jesucristo a su Iglesia:
No nos sueltes de tu mano amorosa.

Virgen de Guadalupe, Madre de las Américas, te pedimos por todos
Los Obispos, para que conduzcan a los fieles por senderos
de intensa vida cristiana, de amor y de humilde servicio a Dios
y a las almas.

Contempla esta inmensa mies, e intercede para que el Señor infunda hambre de santidad
en todo el Pueblo de Dios, y otorgue abundantes vocaciones de sacerdotes y religiosos,
fuertes en la fe y celosos dispensadores de los misterios de Dios.

Concede a nuestros hogares
la gracia de amar y de respetar la vida que comienza
con el mismo amor con el que concebiste en tu seno
la vida del Hijo de Dios.
Virgen Santa María, Madre del Amor Hermoso, protege a nuestras familias,
Para que estén muy unidas, y bendice a la educación de nuestros hijos.

Esperanza nuestra, míranos con compasión,
Enséñanos a ir continuamente a Jesús y, si caemos, ayúdanos
a levantarnos, a volver a Él, mediante la confesión de nuestra culpas
y pecados en el sacramento de la Penitencia,
que trae sosiego al alma.

Te suplicamos que nos concedas un amor muy grande a todos los santos sacramentos,
Que son como las huellas que tu Hijo nos dejó en la tierra.

Así, Madre Santísima, con la paz de Dios en la conciencia,
Con nuestros corazones libres de mal y de odios,
Podremos llevar a todos la verdadera alegría y la verdadera paz,
que vienen de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo,
que con Dios Padre y con el Espíritu Santo,
vive y reina por los siglos de los siglos.

Amén

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