¿Para qué beber?

Quiero abrir esta reflexión preguntando: ¿para qué beber?

¿Vamos a un happy hour? ¿Qué tal un whisky en el almuerzo o un cervecita en este verano? ¿Qué tal una dosis para encarar un encuentro amoroso? En ocasiones festivas, la presencia del vino, champagne y otras bebidas es incuestionable, como un líquido imprescindible en ciertas culturas. Los médicos, muchas veces, recetan una dosis de alguna bebida alcohólica antes de dormir como una especie de tranquilizante, o una copa de vino en el almuerzo para bajar el colesterol. El alcohol relaja, anima y transforma a los más tímidos en galanes.

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Foto: Daniel Mafra/cancionnueva.com.es

Lejos de cualquier defensa o ataque extremista, quiero abrir esta cuestión a la reflexión. ¡Gasta tiempo para reflexionar! ¿Para qué beber?

No todos los que beben son alcohólicos, pero hay muchos alcohólicos que, de verdad, sufren y hacen sufrir. El alcoholismo es una enfermedad, causa enfermedades y una gran destrucción familiar. Soy marcado por una historia de alcoholismo en casa y sé cuánto eso hirió mi vida. ¿Para qué beber?

Al presentar los dos lados de la moneda, quiero hacerte reflexionar sobre esta realidad que, queriendo o no, está a nuestro alrededor. Muchas veces, vamos simplemente categorizando todo en bueno o malo, pero no emitimos una opinión bien fundamentada. ¡Por favor, nada de extremismos!

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¿Para qué beber?

Por detrás de un vaso de alcohol hay una persona, una historia y, seguramente, un impulso que lo moviliza al acto de llevar ese vaso a la boca. ¿Cuál es el impulso? ¿Cuál es esa necesidad?

Freud escribió en “El malestar en la cultura”: “Debemos a tales vehículos no solo la producción inmediata de placer, sino también a un grado altamente deseado de independencia del mundo externo, pues se sabe que, con el auxilio de ese “adormecedor de preocupaciones”, es posible en cualquier ocasión, apartarse de la presión de la realidad y encontrar un refugio en un mundo propio, con mejores condiciones de sensibilidad. Se sabe igualmente que es exactamente esa propiedad de los intoxicantes que determina su peligro y su capacidad de causar daños”.

Partiendo de eso, podemos encontrar algunos “para qué”, o sea, algunos “motivos” para beber.

El alcohol como fuente de placer

Muchas personas tienen el alcohol una fuente de placer. Es ahí que me cuestiono: ¿será que fui creado para el placer de un sorbo o para el efecto de una dosis? Si Dios me promete el placer de una eternidad, ¿por qué contentarme con efímeros placeres? ¡No! Mi alegría no puede estar escondida en una dosis. Necesito ir más allá y no determinar como fuente de mi alegría las cosas que pasan.

Otras personas beben “para que” puedan tener independencia del mundo exterior, pero no da para que, esta vida, tengamos tal estado de apatía. Somos personas que se relacionan, el mundo externo es donde nuestro mundo interno se sitúa. No sirve querer huir. Es necesario luchar para que la fuerza de nuestro mundo interno cambie lo que está en el exterior.

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Para olvidar los problemas

También hay personas que, para adormecer sus preocupaciones, encuentran en el alcohol una solución. Pero continúa la misma reflexión de arriba: ¿Por qué adormecer aquello que tiene que ser enfrentado? ¡Los actos de valentía necesitan ser tomados en dosis de verdad y lucha!

Existen, también, personas que para apartarse de la presión de la realidad y refugiarse en un mundo paralelo, beben todas las dosis posibles, junto a la resaca del día posterior surge la presión del día anterior y un mundo más cruel todavía. La sobriedad para encarar esa presión puede ser la salida más adecuada en esos momentos.

Más allá de los “para qué” de arriba, queda aún una última reflexión: Se sabe igualmente que es exactamente esa propiedad de los intoxicantes que determina su peligro y su capacidad de causar daños. De hecho, muchas enfermedades son ocasionadas por el alcoholismo (el alcoholismo es una enfermedad en sí).

Mi papá es víctima de esa realidad, pues hasta hoy sufre fuertes dolores debió a la pancreatitis, ocasionada por el consumo excesivo del alcohol. Además de los males físicos, el alcohol desmedido causa, en muchas familias, situaciones traumáticas, abandono y negligencia. ¿“Para qué” beber?

Termino esta reflexión queriendo que descubras tu “para qué” beber. Más que levantar una bandera de algo bueno o malo, de puedes y no puedes, hace mal o hace bien (pues hay en el pensamiento “moderno” una necesidad absurda de categorización), quiero llevar a una reflexión profunda, pues detrás de un vaso de alcohol hay una historia, una vida. ¿Pero qué vida está siendo vivida?
Como decía: Viktor Frankl: “Quien tiene un “para que vivir”, soportar casi cualquier como vivir”

¡Estamos juntos!

Adriano Gonçalves
Misionero de la Comunidad Canción Nueva. Cursó Filosofía en el Instituto de la Comunidad y es Psicólogo por la UNISAL (Lorena). Conduce el programa “Revolución Jesús” en la Tv Canción Nueva.

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