Pensar y actuar como Jesús

Tener el corazón de Jesús es agradecer a Dios por lo que somos

Toda la creación alaba a Dios por su existencia, pero nosotros, hombres y mujeres, podemos alabarlo usando nuestra boca, nuestra mente y nuestro corazón.

Dios dijo a Moisés “(…) que aquel que Es lo está enviando”. Y “Soy yo aquel que Es”. El Señor no cambia, y jamás cambiará. Entonces, el hecho de estar alabándolo no lo cambiará, pero por nuestra alabanza Él nos cambia a nosotros.

Somos muy felices porque Dios acepta nuestras alabanzas, pues por medio de ese acto somos transformados y liberados. Sin embargo, no tenemos la dimensión del poder que hay en la alabanza al Señor. A veces decimos que no tenemos palabras para alabarlo, porque no sabemos expresarnos. No te preocupes con eso, porque Dios no necesita de palabras, sino de corazón amoroso. La alabanza ya es suficiente para abrirnos a la sanación, por eso es muy importante la alabanza en un encuentro de sanación y liberación. Alabar al Señor ya es sananción y liberación. Lo que tenemos que hacer es abrir nuestro corazón para que seamos sanados y liberados.

Recordemos el pasaje bíblico, en el cual Jesús dijo a Nicodemo que tienía que nacer de nuevo. Y Nicodemo contestó: ¿cómo puedo nacer de nuevo sin entrar en el vientre de mi madre? Pero Jesús se estaba refiriendo a algo más. Estaba refiriéndose a un nacimiento espiritual, a un renacer en Él. San Pablo explica esto mejor, diciendo que dentro de nosotros hay un hombre viejo y que es importante que ese hombre muera en nuestro interior para que el hombre nuevo pueda nacer.

¿Quién es ese hombre viejo dentro de ti?
Es aquel hombre que tiene miedo, rabia, que es agresivo… es el hombre solitario, el que fue rechazado y no fue amado, es el ambicioso, el orgulloso, el envidioso.

Luchemos contra ese hombre viejo y luchemos para que nazca el hombre nuevo en nuestra vida. Aquel hombre gentil, generoso, humilde, pacífico, paciente, fiel, feliz, alegre. Ese es el hombren nuevo que el Espíritu Santo quiere traer a nuestros corazones.

Jesús continuamente dice en el Evangelio: “sígueme”, pues sólo siguiéndolo conseguiremos ser personas nuevas, sanadas, liberadas. Si no seguimos a Jesús fácilmente podemos retornar a lo que éramos antes de ser de nacer de nuevo.
Pidamos a Jesús que sane nuestra mente y nuestro corazón. Sanar nuestra mente significa pensar con la mente de Cristo y no con la nuestra.

Muchas veces hablamos de sanación física como ataque cardíaco o de un dolor de espalda; todo esto es importante curar, claro, pero la sanación de nuestra mente es mucho más y esta empieza cuando comienza a ser transformada nuestra mente en la mente de Cristo.

Pero no basta tener la mente del Señor, sino que también precisamos tener su corazón. Tener el corazón de Cristo significa ver en las cosas siempre el lado positivo, es agradecer a Dios por lo que somos, por nuestro carácter, por la plenitud de nuestro cuerpo, por nuestra familia, por el carisma que tenemos. Es una cuestión de apreciar lo que Dios nos dio. Ser sanado significa ser una persona llena de amor. Recuerda que sanación es amor.

Fraile Elías Vella

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