¿Por qué existe el sufrimiento?

Si Dios existe, ¿por qué permite tanta desgracia, especialmente con personas inocentes?

El sufrimiento es parte de la vida del hombre, y así él se enfrenta con todo eso. Y lo que más lo hace sufrir es el sufrimiento inútil, sin sentido.

Saber sufrir es saber vivir. Los que sufren hacen que los otros también sufran. Por otro lado, los que aprenden a sufrir pueden ver un sentido tan grande en el sufrimiento que hasta logran amar.

Sin embargo, sólo Jesucristo nos puede hacer comprender el significado del sufrimiento. Nadie sufrió como El ni supo enfrentarlo (sufrimiento) y darle un sentido trascendente. Nadie lo enfrentó con tanta audacia y coraje como Cristo. Hay una distancia infinita entre el Calvario de Jesucrito y el nuestro, nadie sufrió tanto y tan injustamente como El. Por eso, El es el Señor del sufrimiento, como dijo Isaías, el Hombre de los dolores.

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Solo la fe cristiana puede ayudar al hombre a entender el padecimiento y a librarse de la desesperación frente a él.

Muchos filósofos sin fe hicieron sufrir a muchos. Marcuse llevó a muchos jóvenes al suicidio. De la misma forma, Schopenhauer, recalcado y víctima trágica de las decepciones, llevó el pesimismo y la tristeza a muchos. Zenón, padre de los estoicos, enseña frente al sufrimiento solo una actitud de resignación mórbida, que en realidad, es mucho más un complejo de inferioridad. Lo mismo hizo Epicurio, que estimulaba una fantasía perjudicial y vacía, sin sentido práctico. De la misma forma lo hacía Seneca. Y Jean Paul Sartre miraba la vida como una agonía incoherente vivida de forma estúpída entre dos nadas: comienzo y fin, tragicomedia sin sentido a la espera del nada definitivo.

Los materialistas y ateos no entienden el sufrimiento y no saben sufrir, pues para ellos el sufrir es una tragedia sin sentido. Sus libros llevaron desesperación y desánimo a muchos. “El Werter” de Goethe, indujo a decenas de jóvenes al suicidio. “La Comedia Humana” de Balzac, llevó a que muchos jóvenes se suiciden, en Moscú, después de leer “los siete que se ahorcaron”, de Leonid Andreiv.

Un día Karl Wuysman, escritor francés, entre el revolver y el crucifixo, escogió el crucifijo. Para muchos, esa es la alternativa que resta.

Esos filósofos, sin fe, llevaron a muchos a la intoxicación psicológica, a la desesperación y a la depresión por no lograr entender el sufrimiento a la luz de la fe.

¿Quién nos enseñará sobre el sufrimiento? Solamente Nuestro Señor Jesucristo y aquellos que vivieron Su Doctrina. Ninguno de ellos dijo un dia: El Señor me engañó! No, al contrario, en los labios y en la vida de Cristo encontraron fuerza, ánimo y alegría para enfrentar el sufrimiento, el dolor y la muerte.

Algunos se preguntan: “Si Dios existe, ¿por qué permite tanta desgracia, especialmente con personas inocentes?

¿Será que el todopoderoso no puede o no quiere intervenir en nuestra vida o será que no ama Sus hijos? Cada religión da una interpretación diferente para esa cuestión. La Iglesia con base en la Revelación escrita y transmitida por la Sagrada escritura, nos enseña con seguridad. La respuesta católica para el problema del sufrimiento fue dada de forma clara por San Agustín: ‘(430) y por Santo Tomás de Aquino († 1274): “La existencia del mal no se debe a la falta de poder o de bondad de Dios, al contrario, Él solo permite el mal porque es suficiemtemente poderoso y bueno para sacar del propio mal, el bien” (Enchiridion, c. 11; ver Suma Teológica l qu, 22, art. 2, ad 2).

¿Cómo entender eso?

Dios, siendo por definición, el Ser Pefectísimo, no puede ser causa del mal, por lo tanto, esta es la propia criatura que puede fallar, ya que no es perfecta como su Creador. Dios no podía haber hecho una criatura perfecta, infalible, sino sería otro Dios.

En realidad, el mal no existe, enseña la filosofía, él es la carencia del bien. Por ejemplo, la enfermedad es la carencia del estado de la salud, la ignorancia es la carencia del saber, y así en adelante.

Por otro lado, el mal puede ser también el uso equivocado de cosas buenas. Un cuchillo es bueno en la mano del cocinero pero no en las manos de un asesino. Hasta la droga puede ser buena, en manos del anestesista.

El Altísimo permite que las criaturas vivan según la naturaleza de cada uno, permite pues las fallas respectivas. Toda criatura entonces, por el hecho de ser criatura es limitada, finita, por eso, sujeta a errores y a fallas, los cuales terminan generando sufrimientos. Así, el sufrimiento es de cierta forma, inherente a la criatura. El Papa Juan Pablo II, el 11/02/84, en la Carta Apostólica sobre ese tema dijo: “ El sentido del sufrimiento es tan profundo cuanto el mismo hombre, precisamente porque manifiesta, a su modo, la propia profundidad del hombre y la supera. El sufrimiento parece pertenecer a la trascendencia del hombre” (Dor Salvífica, nº 2). “De una forma o de otra, el sufrimiento parece ser, y de hecho lo es, casi inseparable de la existencia terrestre del hombre (DS, nº 3).

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Profesor Felipe
Aquino Master y Doctor en Ingeniería Mecánica. Recibió el título de Caballero de la Orden de San Gregorio Magno por el Papa Benedicto XVI, es autor de varios libros y presentador de programas de televisión y radio de la comunidad Canción Nueva

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