¿Qué dices de ti mismo?

20/03/2014

El contacto con la Palabra de Dios nos ayuda a que reconozcamos cada vez más nuestra verdadera identidad. En la Palabra que está en el Evangelio de San Juan 1,19-28, podemos meditar un poco, colocarnos en el lugar de Juan el Bautista y escuchar lo que Dios nos quiere decir.

Juan está siendo presionado para decir quien es, por tres veces en este pasaje, es interrogado. Comienza respondiendo aquello que él no es. Nosotros también podemos saber y dejar claro para todos aquello que no somos, pero es no es suficiente para hacernos conocidos.identidadedentro

Entonces,se le hace una cuarta pregunta: “¿qué dices de tí mismo?”. Aquí la pregunta es bien directa y exige de él una respuesta clara y objetiva, entonces él dice: “Yo soy la voz de quien grita en el desierto: ¡enderezcan el camino para el Señor!”. San Juan habla de su identidad a partir de su relación con Jesucristo. El es el precursor, aquel que viene delante de Jesús para preparar el camino del Señor llamando al pueblo a la conversión. En ningún momento Juan se deja confundir con el mesías, eĺ sabe quien es y quien no es.

Muchas de las confusiones y problemas que tenemos en los relacionamientos dentro de casa, en el trabajo y en una parroquia viene de la confusión de varias personas que conviven y desempeñan diferentes funciones, mientras que en la mayoria de veces ellas no saben definir quienes son en verdad. Acaban exigiendo que los otros les presenten su propia identidad a través de halagos, críticas y comparaciones. Esto genera malos entendidos y mucha competencia.

Cuando no sabemos decir quienes somos, buscamos esa identidad en las cosas y en las personas, en los títulos y cargos. Sin hablar de las innumerables veces que acabamos haciendonos daño con las inevitables comparaciones con los otros, lo que siempre genera complejos de inferioridad.

Juan el Bautista tenía claridad sobre quien era, iluminado por la identidad de Jesucristo, el Mesías. El después dira en otro momento: “Es necesario que él crezca y que yo disminuya”(Jn 3,30). Juan no pierde por dar lugar a Jesús, a penas ocupa su lugar y su identidad.

Son innumerables los ejemplos que podemos dar de competición y verdaderas disputas entre personas, para imponerse unas sobre las otras, entre parejas, amigos, colegas de trabajo. Los transtornos en los relacionamientos casi siempre tienen origen en la ignorancia que traemos al respecto de nuestra verdadera identidad y del determinado lugar que debemos ocupar. Peleas entre suegras y nueras, padres e hijos, esposos y esposas podrían superarse si cada uno conociese quien es realmente y respetase los límites existentes entre esas relaciones.

Todos conocemos la frase popular que dice: “Nuestra libertad comienza cuando termina la del otro”, sin embargo, no lo ponemos en práctica porque muchas veces a pesar del tiempo vivido, no fuimos creciendo en el conocimiento y en la posición madura de quienes realmente somos.

Así como Juan, tu y yo somos todo el tiempo presionados por el mundo y por las personas a que digamos con nuestra vida, quienes somos y quienes no somos. A la luz de Cristo podemos reconocer nuestra identidad y decir a los otros y a nosotros mismos quienes somos.

Piensa un poco y respondete: ¿qué dices de ti mismo?

Padre Fabrício
Miembro de la Comunidad Canción Nueva

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