¿Qué la Iglesia Católica confirma sobre el infierno?

Un estado de auto exclusión definitiva de la comunión con Dios y con los bienaventurados. Esta es la definición de infierno que el Catecismo de la Iglesia Católica presenta en el numero 1033. Tratar sobre algunos asuntos puede engendrar las más variadas reacciones en el interior de cada persona, así es el tema sobre el infierno.

Algunas personas no quieren hablar de infierno por miedo, por desconocer o incluso mismo por pensar en la posibilidad de ir para allá. Además, la Iglesia nunca dejó de tener delante de los ojos y de exhortar sus fieles sobre la doctrina del infierno.

Foto ilustrativa: Bruno Marques/cancionnueva.com.es

En la propia Biblia, en las palabras de Jesús, se encuentran varias pasajes en que el Señor haz alusión al infierno, y múltiplos adjetivos son dados para esta realidad, tales como: “Geena”, “Fuego que no se apaga”, “Fuego eterno” y “horno ardiente”. En el Evangelio de Mateus 13, 41, cuando Jesús va hablar sobre la parábola del joyo, Él asegura: “El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y estos quitarán de su Reino todos los escándalos y a los que hicieron el mal, y los arrojarán en el horno ardiente. Allí no habrá más que llanto y rechinar de dientes”. El Señor Jesús dejó muy claro, en muchos momentos, que esta es una condición de alejamiento, llenos de sufrimientos reservado para aquellos que realizaran escándalos y vivirán en la iniquidad.

La enseñanza de la Iglesia sobre el infierno

Cuando la Iglesia trata sobre el infierno, ella, como Madre, quiere llamar sus hijos a la responsabilidad que deben tener sobre su libertad, don dado por Dios. Cada persona debe cuidar para no transformar tan don en motivo de perdición, pero utilizar en función de su destino eterno en la bienaventuranza.

Se realiza también un llamamiento a la conversión, adhesión a la vida nueva encontrada no nos alejamos, pero en la proximidad de Cristo. El Catecismo aún nos advierte que, como no sabemos ni el día ni el momento, vigilemos para no ser cogidos de sorpresa, equiparados a siervos malos y perezosos para los cuales están destinados al fuego eterno (cf. CIC 1036).

La soma de una aversión libre y voluntaria a Dios, fruto de adhesión al pecado grave y en esta opción permanecer hasta el fin de la vida resuelta en la pena eterna del infierno. Es el pecado grave que es causa de alejamiento definitivo de Dios. Con esta afirmación, la Iglesia deja claro que Dios no manda nadie para el castigo eterno, por el contrario, ella da a su pueblo los medio capaces de llevarlos al cielo, la Iglesia dispone de los Sacramentos, principalmente del sacramento de reconciliación.

Cristo y el Infierno

Se encuentra en el Credo que es profesado solemnemente que Cristo fue crucificado, muerto y sepultado, bajo a los infiernos y resucito al tercer día. La tradición de la Iglesia reza que, en aquel día, un gran silencio reino sobre la tierra debido la ausencia de Cristo. La afirmación “Jesús bajo a la mansión de los muertos” quiere expresar que Jesús, realmente, murió, y por su muerte venció la muerte y el Diablo, el dominador de la muerte. La tradición de la Iglesia reza aún que, bajando a la mansión de los muertos, Cristo primero busco Adan, nuestro primer padre, la oveja perdida. Dios va en búsqueda de Adan y Eva que estamos muertos, perdidos por el pecado, Este es la primer señal de que el deseo de Dios es que nadie quede preso a la muerte, pero sea rescatado del pecado por Cristo.

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Es casi imposible pensar en infierno y no imaginar el misterio del juicio final. El teologo Hans Urs von Balthasar, presenta, en su tratado sobre el infierno, que las responsabilidad es individual de cada personas, delante al tribunal de Dios. Además, él aún trae la novedad del Nuevo Testamento que esta presentado en los evangelio: “Quien no esta conmigo, esta contra mí” (cf. Lc 11, 23); “Si alguien se avergüenza de mí y de mis palabras en esta generación adultera y pecadora, el Hijo del hombre se avergonzara de él cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles” (cf. Mc 8, 38).

Aún en el Evangelio de San Juan, la división entre Cristo, que es lLuz, y su separación, que es tinieblas, es decir la negación de Cristo. Sin embargo, la solución para esto esta en el amor, sí en el mandamiento del amor: amar a Dios sobre todas las cosas y a los demás como a tí mismo. Solo el amor es digno de fe, ya decía von Balthasar, él nos libra de la condenación al infierno y, al mismo tiempo, de hacernos de Dios un mentiroso.

¿Que separar?

Finalizo este articulo con el deseo de exponer aún enumeras cosas, pero dejo la reflexión: “¿Lo que podemos esperar?”. En el tratado de von Balthasar, se encuentra una afirmación que “la virtud de la esperanza lleva consigo la propia seguridad”. Es por eso que cada cristiano debe tener la seguridad de que viene con la esperanza, porque la esperanza cristiana no esta en cosas o situaciones, pero en las persona de Cristo, que fue hasta la mansedumbre de los muertos para danos la vida.

San Buenaventura nos deja una valiosa enseñanza, no algo vago o tirado al viento, pero basado en una vida recta, y años de lucha por la santidad: “Todavía no sé muy bien se tendré amor hasta el final, pero una coas yo sé: que el amor y los misterios que presumo haber conducido con toda seguridad a la vida eterna”.

Fábio Nunes
Francisco Fábio Nunes
Nacio en la ciudad de Fortaleza (CE), es misionera de la Comunidad Canción Nueva y candidato a las Ordenes Sacras. Graduado en Filosofía por la Facultad Canción Nueva, Cachoeira Paulista (SP), Fábio Nunes es también graduado en Teología por Canción Nueva, Cachoeira Paulista (SP). Actualmente en el Departamento de Internet de Canción Nueva, en el Santuario del Padre de las Misericordias y en los Confesionarios.

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