Reflexión: ciencia de los Santos o camino de la perfección?

Reflexiona sobre esta propuesta: ser santos y vivir el camino de santidad

Durante siglos la Iglesia recogió testimonios de los Santos sobre como se construye el camino para la Santidad y ese conocimiento dio origen a la Teología Ascético – Mística.

Vemos que la Santidad esta al alcance de todos y de cualquier cristiano, y el primer y gran obstáculo para alcanzarla, es la falta de una firme decisión de recorrer hasta el fin de la carretera que nos lleva a vivir en plena comunión con Dios. Como Lot, al escuchar el ángel del Señor ordenándole a subir la montaña, pedimos disculpas y preferimos quedar en la planicie (Gn 19,17). La planicie, se puede llamar de “monótono”, “secularización” o como se referían los santos padres: acidia, la pereza espiritual.

Foto Ilustrativa: Wesley Almeida/cancaonova.com

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Sin embargo los que se decidan a subir la montaña de la Santidad, con sincero deseo de conversión, encuentren en la Iglesia los medios necesarios para santificarse, aún enfrentan la dificultad de como ordenar estos medios tan amplios y tan profundos. ¿Por dónde comenzar y que camino seguir? Como la pobre sulamita del Cántico de los Cánticos entonces decimos: “Muéstrame, oh amor de mí alma, donde reposas con el rebaño al medio día?” (Ct 1, 7).

A esta pregunta de como seguir el Cristo y ser Santo, la Iglesia respondió con una teología propia, llamada de Teología Ascetico – Mistica. Si la Teología Dogmática nos enseña lo que debemos creer y la Teología Moral nos enseña como vivir en el mundo, esta es la teología, o saber teológico, que nos enseña como juntar lo que creemos con una forma de vivir que nos convierte “santos o irreprensible delante de Él en el amor” (Ef 1, 4). Por eso, la Teología Ascético – Mística también es conocida como Camino de Perfección o Ciencia (conocimiento) de los Santos.

Entre el ascético y el místico

Ese emprendimiento inicial para salir de la planicie y “subir el Monte Carmelo” – la metáfora de los Carmelitas para la santificación – fue identificada por los primeros cristianos con el nombre griego de ascese, que significa: lucha, esfuerzo personal. De hecho, la conversión verdadera demanda inmediatamente una necesidad de combatir el “hombre viejo” que se identifica con las tendencias, actitudes y pensamientos comprometidos con el pecado. Convertirse, como el propio nombre ya dice, explicita, necesariamente, un cambio de rumbo que no es realizada sin lucha y mucho esfuerzo personal.

Este camino de santificación recibió, entonces, el primero nombre de Teología Ascética: aquella que nos muestra como debemos esforzarnos para abandonar cada vez más nuestra semejanza con Adán y acercarnos de Cristo. Ese arduo camino, San Pablo ejemplifica bien, recordándonos que “Los atletas se privan de todo, y lo hacen para obtener una corona que se marchita; nosotros, en cambio, por una corona incorruptible. Al contrario, castigo mi cuerpo y lo tengo sometido, no sea que, después de haber predicado a los demás, yo mismo quede descalificado. Así, yo corro, pero no sin saber adonde; peleo, no como el que da golpes en el aire” (1 Cor 9, 26-27).

Son iconos de la Teología Ascética los santos padres del desierto. Hombres y mujeres que abandonaron el mundo para, en comunidad o solos, vivir en silencio y oración constantes. Ellos se santificaron venciendo a si mismos, al mundo y al demonio con ayunos y mortificaciones.

Además de ellos, se notó la existencia de un otro camino o grupo de santos, que tienen un contacto con Dios constante y extraordinario: los místicos. Los portadores de revelaciones y de un conocimiento intenso y profundo del divino, su símbolo mayor es el apóstol y evangelista San Juan. La Teología Mística mostraba como santos elegidos por Dios, conseguían vivir en unión plena con el Cristo vivo y resucitado. Visiones, éxtasis y milagros los acompañaban por toda la parte.

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¿Cuáles los caminos que existen?

Aparentemente, existían dos caminos: un ascético, basado en el esfuerzo personal; y un místico, don gratuito de Dios para sus elegidos. Pero eso contradecía la propria esencia del Evangelio que llama a todos a la Santidad: “Sed perfectos, como vuestro Padre celeste es perfecto” (Mt 5, 48).

Sólo con Santa Teresa de Jesús (o Santa Teresa de Ávila) en el Siglo XVI, y el trabajo de los padres dominicanos del siglo XX, se entendió que estas dos teologías no son más que un único camino: la Teología Ascético – Mística. En el camino de unión plena con Dios, o Santificación, la primera parte es ascética, la segunda es mística. Los grandes Santos vivieron plenamente las dos etapas. Así, si en el ejemplo dado anteriormente, San Pablo refuerza a los corintios la necesidad de la ascesis y da su propio ejemplo, eso es por utilizar una pedagogía especifica para una comunidad aún principalmente. Los corintíos aún necesitaban vencer la etapa ascética del camino espiritual. Sabemos, sin embargo, que San Pablo tenía una vida mística intensa y profunda (2Cor 12, 2). Por haber llegado la vía mística, podía enseñar el camino de perfección a sus hijos espirituales, que se iniciaban en la ciencia de los santos.

Pero, ¿dónde estoy en el camino espiritual? Si hay un verdadero deseo de santidad y una disposición a toda prueba para alcanzarla, es natural que queramos saber. Esta serie Camino Espiritual y las Moradas es para que se identifique esa ciencia construida por los Santos, donde estamos y como se puede recorrer con seguridad el Camino de Perfección. No se trata de salir corriendo por ahí, sin rumbo, gastando todas las energías que deben ser canalizadas para esta subida hacia el monte que es el propio Cristo (Cf. Letanía de Nuestra Señora del Carmen).

En el prójimo articulo, veremos cuales son los Santos Doctores de la Iglesia y los teólogos que iluminaran el camino de santidad y permitieron la creación de un mapa seguro, para seguir este camino con dos etapas sucesivas: primero ascéticas, después místicas. Ellos, como perfectos pastores, dejaran las huellas que, para nosotros, es el verdadero camino que nos lleva a aquel que nuestro corazón ama: “Si no lo sabes (donde encontrarme) sigue las huellas de las ovejas y apacienta tus cabras junto a los pastores” (Ct 1, 8).

Flavio Crepaldi
Flavio Crepaldi es casado y padre de 3 hijas. Especialista en Gestión Estratégicas de Negocios, graduado en Producción Publicitaria y con formación en Artes Escénico. Es colaborador en la TV Canción Nueva desde 2006 y actualmente cursa una nueva graduación en Teología con énfasis en Doctrina Católica.

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