Ser madre, el más bello acto de heroísmo

El heroísmo de la madre lleva a cabo en la vida cotidiana de las cosas comunes

En una de sus cartas apostólicas, Juan Pablo II sabiamente pone que la maternidad esta conectada a la estructura personal del “ser” de la mujer y con la dimensión personal de su “don sincero de si misma”.

En las palabras de María en la Anunciación – “Hágase en mí según tu palabra” -, nos encontramos la disponibilidad de la mujer al don de sí y al recibir de nueva vida.

Ser madre, el más bello acto de heroísmo 2

En el don de si, en la capacidad de morir para si misma, toda mujer es llamada a ser madre. En la maternidad, refleja el misterio eterno de la generación, que es propio de Dios uno y trino.

¡Ser madre, por lo tanto, es ser una mujer eterna! La madre es aquella que traspasa el tiempo, ella es imagen del infinito terrestre. Ella es el inmutable de la vida, en la concepción, en la gestación y en parto. La concepción y el nacimiento son la hora y el misterio de la vida, son también la hora y el misterio de la mujer.

La madre es aquella que genera una vida para la eternidad, que transmite vida al infinito, al mismo tiempo que tu vida pasa en el finito de la vida cotidiana hecha de pequeñas y minúsculas fatiga. Hecho de silencio, el heroísmo de la madre se hace en la vida cotidiana de las cosas comunes.

=>Oración de las madres por sus hijos

La maternidad implica una comunión especial con el misterio de la vida, que desarrolla en el seno de la mujer: la madre admira este misterio con intuición singular, porque comprende lo que va formando dentro de ti. Ese modo único de contacto con el nuevo ser esta siendo formado en tu vientre crea en la mujer una actitud especial y una capacidad única de acoger el ser humano en general; y eso caracteriza profundamente toda la personalidad de ella.

La mujer, mucho más que el hombre, tiene una disposición natural de atención y cuidado con el ser humano, y la maternidad solo hace desarrollar aún más esta capacidad, ese don.

Ser madre y experimentar los sentimientos maternos es ponerse del lado del abandonado, es saber inclinar con amor y solicitud sobre todo cuanto existe de pequeño y débil en la tierra.

Y este hijo puede ser no solo el hijo del vientre, pero todo aquel ser humano que la mujer encuentra a lo largo de su vida. Debido el mundo hoy es como una niño pobre y abandonada que llora y necesita de los cuidados de una madre. El mundo, perdido como se encuentra, necesita encontrar en cada mujer una madre.

Cuando Dios decidió encarnar en el seno de una mujer para hacerse hombre y habitar entre nosotros, Él quiso poner la mujer en el papel de coredentora de la humanidad. Él quiso poner la mujer como responsable también por su obra creadora. Dios no necesitaba de una mujer para venir al mundo, pero Él quiso necesitar de ella. Por eso, en la maternidad de María, encontramos todas las respuestas para lo que significa para la mujer convertirse en madre.

=>María, la madre que cuida de sus hijos

Todas lasa veces que la maternidad de la mujer se repite en la historia humana sobre la Tierra, sigue siendo siempre la alianza que Dios estableció con el genero humano mediante la maternidad de Madre de Dios.

Contemplando esta Madre, cuyo corazón fue traspasado por una espada, el pensamiento regresa a todas las mujeres que sufren en el mundo, que sufren tanto en el sentido a las mujeres que sufren tanto en el sentido físico como moral. Es difícil enumerar todos estos sufrimientos, pero pueden ser recordados en el desvelo maternal por los hijos, especialmente cuando están enfermos o van por caminos equivocados, en el dolor de las madres que perdieran sus hijos, en el dolor de las madres que perdieran sus hijos, en el dolor de las madres olvidadas por sus hijos adultos o de las viudas, en los sufrimientos de las mujeres que sufren injusticias y son explotadas. Sin hablar en todos los sufrimientos causados por el pecado que causaran la dignidad humana o materna de la mujer.

Delante de todas estos dolores, necesitamos como María estar al pie de la Cruz de Cristo, porque allí también encontramos la conexión y el sentido de la maternidad de la mujer con el misterio Pascual.

“También ustedes ahora están tristes, pero yo los volveré a ver, y tendrán una laegría que nadie les podrá quitar” (Jo 16,22).

Traducción y Adaptación: Thaís Rufino de Azevedo

Judith Dipp
Graduada en Psicología, Judith fue cofundadora de la Comunidad Alianza Madre de la Ternura, y voluntaria en un centro de Atendimiento y Consejos para Mujeres (Montgomery County Counselling and Carreer Center), en Washington. Actualmente es psicóloga de la escuela Internacional Everest Atualmente, del Hogar Antonia y de la Congregación de los Seminaristas Redentoristas, con sede en Curitiba-Brasil.

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