¿Será que tengo vocación para el matrimonio?

¿Percibes en tí la inclinación para dar amor, cariño, atención y cuidado?

Es natural que para alcanzar el conocimiento de si mismo, el ser humano pase por procesos. Cosechar del corazón de Dios, cual es nuestra identidad, quienes somos, cual es nuestra misión en esta vida, dónde Dios quiere que estemos y en qué nuestros dones pueden ayudar a la humanidad, no se puede hacer de una hora para otra. Necesitamos un camino procesual, de descubrimientos que se conectan, se complementan y se confirman en los hechos ordinarios de la vida y en el transcurrir del tiempo, formando en nosotros la madurez, la intimidad con el Señor y entonces consecuentemente nos da la conciencia de nosotros mismos.

Una certeza es que nadie vino a este mundo por casualidad, todos tenemos un específico para cumplir (cf. Eclo 39, 21). Existe, para cada uno de nosotros un plan de salvación y una misión para que contribuyamos con la acción de atraer otras almas para Cristo. Sí, tu, independientemente de lo que haces, o donde lo haces, eres llamado a la santidad y a colaborar con la salvación de otras personas.

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Durante la vida, damos cuenta cómo eso se realizará a través de dos puntos:

– Nuestra espiritualidad: La vida de oración, las prácticas de piedad nos deben mostrar el sentido de todo, la revelación de Dios sobre las cosas invisibles a los ojos humanos. ” Todas las cosas suceden para el bien de aquellos que aman a Dios” (Rm 8,28).

La espiritualidad nos hace ver que aún lo que parece infructífero en el plano natural puede ser una semilla lanzada para algo mejor a ti o a otros en el futuro. Ejemplo: el sacrificio de Cristo, en análisis puramente humano, fue de un solo hombre que se hizo el bien y finalemente murió. Para muchos es un fracaso, pero la verdad, fue de ese aparente fracaso que vino la salvación para todos nosotros.

– Nuestra humanidad: Los dones, las habilidades, los intereses, las aptitudes que tenemos comenzarán a demostrar nuestra vocación a través de nuestra voluntad y pensamientos. Por ejemplo: cuando miramos la historia de un jugador de futbol veremos que él se encantó con todo lo que envuelve ese deporte desde pequeño y con seguridad, era su juego favorito. Un padre se encantaba con las cosas del altar mucho más que sus amigos, desde antes de entrar en el seminario. Las ganas que tenía por tocar los objetos sagrados, imaginarse preparando una homilía y tal vez, al participar de la Misa se detenía con pensamientos del tipo: “En el lugar de ese padre, yo haría..” y veía sus trazos de vocación.

Con la vocación al matrimonio sucede lo mismo. El llamado a este sacramento aflorará en nuestra voluntad y pensamientos.

Dones: ¿percibes en tí la inclinación para dar amor, cariño, atención y cuidado a una persona, en especial a los esposos y a los hijos que vendrán?

Habilidades  ¿te interesan las tareas que dicen de una vida de casado, percibes aptitud y bien estar al realizar servicios de casa? ¿te gustan las reuniones familiares, te interesa la misión de la familia en la sociedad, te gusta jugar y enseñar a los niños con los que tienes contacto?

Interés – Cuando ves una casa, un mueble o cuando ves un electrodoméstico, te proyectas en tu hogar o usando esos objetos? ¿Cuando ves una ropa de niño en los mostradores o ropa del otro sexo, te imaginas comprandoselo a tus hijos o a tu cónyugue? ¿Cuando aprendes algo o alcanzas una realización, te imaginas ofreciendo el fruto de eso a tu futura familia?

Es en las cosas así, simples, que vamos percibiendo nuestra vocación. Dios no es incoherente. Si El nos pide algo es porque antes ya depositó en nosotros todo el equipaje que necesitaremos. NO pienses que el Señor nos permite tener un fuerte deseo por una vocación pero nos llama a otra cosa.

Tampoco dejes que el miedo defina tus decisiones, pues tu vocación es más fuerte que todo lo que has presenciado de infelicidad. Un matrimonio solo no trae felicidad y sentido a la vida cuando se vive fuera del amor del Señor. “En el amor no hay temor”. Hasta podemos pasar momentos de duda, pero ten calma, vive el proceso y todo se revelará en tí.

¡Que Dios bendiga tu discernimiento!

Sandro Ap. Arquejada
Misionero de la comunidad Canción Nueva

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