Soy diferente de los otros

22/11/2017

Cada uno de nosotros debe ejercer la profecía dentro de nuestro ambiente

“dijo el Señor Dios, ¿Quién no profetizará?” (Amós 3,8)

Todo profeta transmite la palabra de Dios dentro de un contexto específico, de la realidad concreta de la cual forma parte, y a partir de la cual Dios quiere orientar su pueblo.

En un mismo tiempo, puede haber varios profetas. Todos viviendo las mismas dificultades y, consecuentemente, transmitiendo el mensaje de Dios con respecto a las mismas situaciones.

Foto: Daniel Mafra / cancionnueva.com.es

Foto: Daniel Mafra / cancionnueva.com.es

Amós, por ejemplo, habla dentro del mismo contexto que el profeta Oseas. Ellos son contemporáneos. Oseas ejerce su ministerio pocos años después de Amós. Sólo que, aunque ambos vivieran en la misma época, pasando por las mismas situaciones, combatiendo los mismos males, estos hombres ejecutaban su profecía de modo diferente, de modo particular.

El mensaje divino podría haber sido el mismo, pero sería transmitido de modo personal, por medio de un lenguaje específico, con el modo propio de quien profetiza. La manera de anunciar las palabras divinas se torna diferente, pues cada profeto posee un modo particular de vivir y, de esa manera, de trasmitir la profecía. Así, todos nosotros somos llamados a profetizar. Dios quiere hablarnos, pero es necesario que seamos el canal para que los mensajes del señor lleguen al mundo.

Estamos todos viviendo las mismas dificultades de este mundo post-contemporáneo; enfrentando, muchas veces, las mismas luchas y problemas que los demás. Como Amós y Oseas, somos contemporáneos. Hacemos parte del mismo contexto, y el mensaje de Dios es el mismo para los días de hoy.

“Dijo el Señor Dios, ¿Quién no profetizará? (Amós3,8).

Como transmitir el mensaje de Dios

Lo que nos diferencia es como cada uno de nosotros, dentro de nuestra particularidad, transmite ese mensaje. Muchas personas experimentan oír la voz de Dios de las más diversas maneras, pero, por no tener la facilidad de la elocuencia, terminan guardando sólo para sí las riquezas del mensaje divino.

Necesitamos entender lo siguiente: de la misma manera que Dios usa diferentes modos para hablarnos al corazón, también nosotros necesitamos utilizar los más variados recursos para transmitir a los otros el mensaje divino. No son sólo personas que hablan, cantan o muestran algún trabajo para un gran público de la Iglesia, que transmiten los mensajes divinos. Dios nos habla individualmente; entonces, también nosotros necesitamos trasmitir el mensaje divino de modo individual.

Tengo una amiga que, de vez en cuando, me escribe una cartita. Generalmente, esas cartas llegan cuando estoy pasando alguna dificultad. Escribiendo esas pequeñas y sencillas cartas, ella profetiza en mi vida, pues trae a mí el mensaje divino de modo íntimo y particular. Por tanto, es con herramientas que tengo a mano, en el ambiente en el cual estoy inserto, para las personas con las cuales convivo, que voy a transmitir los mensajes que creo son divinos. De modo simple y personal, direccionadas siempre para el bien y teniendo como fruto la paz, tanto en mi vida como en la de las personas, para las cuales transmito esos mensajes.

El papel profético de los laicos

Si cada uno lo hiciera así, vamos mejorando en oír a Dios y transmitir el mensaje de Él, y como un efecto en cadena, transformamos las realidades de este mundo tan necesitado de buenas noticias. Especialmente, nosotros, laicos, necesitamos asumir nuestro papel profético en los días de hoy. La Iglesia nos dice que cabe al laico, por su vocación (profética), buscar el Reino de Dios, ejerciendo funciones temporales y ordenándolas según Dios.

Eso quiere decir que cada uno de nosotros debe ejercer la profecía dentro de sus ambientes específicos. En la profesión que ejerce, en la familia donde vive, en los trabajos que ejecuta, en la parroquia en que está inserto, en fin, necesitamos impregnar las realidades sociales, políticas y económicas con las exigencias de la doctrina y de la vida cristiana, y ese es el mensaje de Dios para los días de hoy, el cual, como profetas, tenemos el deber de transmitirlo.

La iglesia enseña que nosotros laicos somos la línea más avanzada en la vida de ella (Iglesia). Nosotros estamos insertos directamente en la sociedad. Es nuestra función trabajar en la construcción política, en la organización social, y es fundamental que cada uno de nosotros, a su modo y en su lugar, transmita el mensaje divino, así como Amós, Oseas y tantos otros que anunciaron las palabras de Dios con su forma propia y su lenguaje particular, pues “Dijo el Señor Dios, ¿Quién no profetizará?” (Amós 3,8).

¡Dios te bendiga!

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Denis Duarte
Especialista en Biblia, profesor en la Universidad Canción Nueva y en el Instituto Teológico Benedicto XVI

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