Soy totalmente de Cristo

Fuente: ALMAS

Por: Nancy Escalante

¿La mujer debe ser fuerte o cariñosa o puede ser ambas cosas a la vez?

Se viste de fuerza y dignidad y no le preocupa el mañana.

‘Todo cuanto hay de verdadero, de noble, de justo, de puro, de amable, de honorable, todo cuanto sea virtud y cosa digna de elogio, todo eso tenedlo en cuenta” (Flp 4,8)

La mujer posee una dignidad así como su vocación Cristiana, la cual es enriquecer la vida humana a través de su sensibilidad, de comprensión, de su capacidad de acoger y de promover el bien, por lo que es indispensable que la mujer sea firme en su identidad y la misión que le fue encomendada por Cristo.

En este sentido la mujer requiere una estructura sólida interna para trascender y así hacerle frente a la lucha cotidiana a través de virtudes como prudencia, paciencia, pero sobre todo fortaleza, ya que es imprescindible para vivir una verdadera entrega, hacerle frente a las dificultades y así vivir la fe y la fidelidad.

En este sentido cabe mencionar que la feminidad y la fortaleza no se contraponen, ya que la fortaleza es la virtud moral que asegura en las dificultades la firmeza y la constancia en la búsqueda del bien así como reafirma la resistencia a las tentaciones y de superar los obstáculos en la vida. La virtud de la fortaleza capacita a la mujer para vencer el miedo, haciéndole frente a las pruebas y revistiéndose de fe. Esta es la razón por la cual la mujer que vive en Cristo y es totalmente de Cristo puede trascender sentimientos de tristeza y que sabe que todo con fe se puede superar.

Por lo tanto podemos decir que una mujer de fortaleza es aquella vive todo por amor, es quien se arrodilla humildemente a orar y así revestirse de la fuerza del creador, lo que a su vez le da la gracia y la serenidad. Demuestra su valentía a pesar del miedo o dificultad de las circunstancias, y acepta sus errores y está dispuesta a lograr un cambio, aprendiendo de ellos y levantándose cada vez que caiga.

En este sentido una mujer con fortaleza es testimonio de amor y virtud, convirtiéndose así en un pilar de fortaleza para su marido y sus hijos así como un faro de luz que alumbra el camino de su familia hacia la perfección.

En base a lo anterior podemos decir que el ser mujer de fortaleza requiere de Fe y de un verdadero AMOR y ENTREGA a Cristo.

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