¿Todos los pecados confesados en la Santa Misa son perdonados?

Los pecados confesados en la Misa nos ayudan a celebrar mejor la Eucaristía

La Eucaristía es el ápice de la vida cristiana, pues es el memorial del sacrificio de amor de Jesús. El hombre, que solo encuentra su realización en Dios, debe celebrar con todo el amor y el respeto ese memorial. Para esto, el acto penitencial colabora y hace que la persona reconozca quien es realmente: un hijo que tiene pecado y necesita del Amor.

Misa: unión con Cristo y perdón del pecado

El cristiano, al participar de la Misa, comulga de dos mesas: de la mesa de la Palabra y de la Eucarística. Pero, así como antes de comer nos lavamos las manos por motivos de higiene, el cristiano es llamado también a lavar sus manos antes de participar del banquete, o sea, pedir perdón por sus pecados en el acto penitencial.

Hay una motivación que dice el sacerdote: “Preparémonos para celebrar dignamente estos santos misterios, reconociendo que somos pecadores”. Cuando el cristiano reconoce que es pecador y pide perdón, lava su alma, celebrando con más dignidad los misterios del Señor.

Pecado

Foto: Wesley Almeida/cancaonova.com

En la Misa, el cristiano es invitado a unirse más a Cristo y a profundizar en la amistad con Él. La Misa no está destinada a perdonar los pecados, tampoco se la debe confundir con el sacramento de la reconciliación (Cf. CIC 1396). En la Misa Dios perdona los pecados veniales. No se trata de que Él no sea capaz de perdonar los pecados mortales, sino que obra como un papá no da todo fácil a su hijo con el fin de educarlos para los verdades valores, entonces es necesario dirigirnos al Sacramento de la Reconciliación. La Iglesia nos enseña que: “Quien tiene conciencia de estar en pecado grave debe recibir el sacramento de la Reconciliación antes de acercarse a comulgar” (CIC 1386).

El pecado venial y el mortal

El pecado es una ofensa contra el verdadero amor para con Dios y para con el prójimo, por causa de un apego perverso a ciertos bienes (Cf. CIC 1850). El pecado venial es aquel acto que no priva al hombre de la amistad total con Dios. Ya el pecado mortal es el acto por el cual el hombre, con libertad y advertencia, rechaza a Dios. Pero “Cristo instituyó el sacramento de la Penitencia en favor de todos los miembros pecadores de su Iglesia, ante todo para los que, después del Bautismo, hayan caído en el pecado grave y así hayan perdido la gracia bautismal y lesionado la comunión eclesial. El sacramento de la Penitencia ofrece a éstos una nueva posibilidad de convertirse y de recuperar la gracia de la justificación. Los Padres de la Iglesia presentan este sacramento como “la segunda tabla (de salvación) después del naufragio que es la pérdida de la gracia”  (CIC 1446).

Sobre el pecado mortal, en la Encíclica “El Esplendor de la Verdad” de San Juan Pablo II es mencionado lo siguiente: “Separar la opción fundamental de los comportamientos concretos significa contradecir la integridad sustancial o la unidad personal del agente moral en su cuerpo y en su alma” (67). A partir de esto, Juan Pablo II agrega que algunos teólogos dicen que el pecado mortal, que separa al hombre de Dios, se verificaría solamente en el rechazo de Dios, que se realiza a un nivel de libertad no identificable con un acto de elección ni al que se puede llegar con un conocimiento sólo reflejo. En este sentido —añaden— es difícil, al menos psicológicamente, aceptar el hecho de que un cristiano, que quiere permanecer unido a Jesucristo y a su Iglesia, pueda cometer pecados mortales tan fácil y repetidamente, como parece indicar a veces la materia misma de sus actos” (69).

El sentido del acto penitencial

El cristiano es invitado a reconocer su pequeñez, su condición de pecador en el acto penitencial de la Misa. Así, Dios puede ir a su encuentro con su gracia, pues el hombre es llamado a ser hijo de la luz. San Agustín afirma que “la confesión de las malas obras es el comienzo de las buenas obras, contribuye a la verdad y consigues llegar a la luz”.

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En la Eucaristía, el hombre es elevado a Dios y a la comunión con Él y con los hermanos. La unidad del Cuerpo Místico vence todas las divisiones humanas: “Ya que todos ustedes, que fueron bautizados en Cristo, han sido revestidos de Cristo. Por lo tanto, ya no hay judío ni pagano, esclavo ni hombre libre, varón ni mujer, porque todos ustedes no son más que uno en Cristo Jesús” (Gal 3,27-28).

El hombre participa de la comunión de los santos, o sea, cada alma que se eleva a Dios dignifica al mundo, porque existe una solidaridad humana misteriosa. Así también hay solidaridad en el pecado. Por eso, escribe San Juan Pablo:  “A esta ley de la elevación corresponde, por desgracia, la ley del descenso, de suerte que se puede hablar de una comunión del pecado, por el que un alma que se abaja por el pecado abaja consigo a la Iglesia y, en cierto modo, al mundo entero” (Reconciliación y Penitencia, 16). De esa forma, todo acto pecaminoso repercute en la sociedad, así como todo acto de caridad edifica a la Iglesia y al mundo. Reconocerse pecador, en el acto penitencial, ya es un inicio para edificar un mundo mejor.

No tengas miedo

Existe también el rito de la aspersión de agua que sustituye el rito penitencial, pues recuerda la alianza bautismal que se renueva en cada Misa y recuerda nuestro compromiso de bautizados, acentuando nuestra identidad de pueblo sacerdotal.

En fin, siempre nos ensuciamos las manos en el recorrido de nuestra historia con el pecado, pero no tengamos miedo de lavar nuestras manos, o sea, nuestra alma. Recurramos a la misericordia de Dios, pues en la Misa somos perdonados de nuestros pecados veniales y, especialmente en el Sacramento de la Reconciliación, somos perdonados de todos los pecados. Así, participamos dignamente del Banquete que Él preparó, desde siempre, para nosotros.

Ricardo Cordeiro
Candidato a las Órdenes Sacras en la Comunidad Canción Nueva. Licenciado en Filosofía por la Comunidad Canción Nueva, Cachoeira Paulista (SP) y pos graduado en Bioética por la Facultad Canción Nueva. Trabaja en el Departamento de Internet de Canción Nueva y en el Santuario Padre de la Misericordia.

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