Una amistad verdadera construye lazos que no son rotos

La distancia y la correría del día a día no rompen una verdadera amistad

Imagina aquel amigo que, durante años, convivió contigo, dividiendo sueños, bromas, sonrisas, luchas y conquistas. En fin, esta persona que dio más color y brillo a tu vida – esta es una de las caras de amistad – , pero, por motivos superiores, necesito partir.

El tiempo fue pasando, alimentado por buenas recordaciones y algunas noticias o comentarios distantes. ¿Falta de iniciativas, descuido por el afecto, respeto al proceso que cada uno necesito vivir? Tal vez un poco de todo eso, pero el correcto es que la amistad verdadera es como la buena semilla que, guardada en la tierra, espera el tiempo de germinar. Cuando la lluvia cae, cuando llega el otoño, ella rompe el silencio del suelo y revela la fuerza que jamás dejo de tener.

Hoy, vivo un poco de todo eso al reencontrar un grande amigo, además de hermano de comunidad: padre Fernando Santamaria. Nosotros nos conocemos hace varios años, y siempre nos hemos dado bien, a pesar de numerosas diferencias. Por otro lado, estoy de acuerdo cuando dicen que las diferencias personales en un relacionamiento no son barreras, pero riquezas, desde que haya respeto y caridad de ambas las partes. Trabajando y conviviendo con él, experimentamos bien eso. Pero las proprias exigencias de la misión nos conduje por otros caminos, digamos, bien lejos.

Foto: Paula Dizaró/cancionnueva.com.es

La alegría de encontrar un amigo

Hoy, al encontrar de nuevo, constato, con alegría, que aún convertido en sacerdote, y con eso tiene nuevas responsabilidades, tu corazón es el mismo y me encuentro en él sin esfuerzo ni vergüenza. En cuanto a mí, tu amistad siempre tuvo lugar seguro en mí alma. Nos alegra mucho recordar nuestras aventuras, bromas y nuestra forma simple, tal vez hasta ingenuo, de profundizarnos en la fe. La oración de la mañana es un buena recordación del cual nos gusta recordar. Antes de comenzar el trabajo, nos reunimos delante de la imagen de Nuestra Señora y allí rezábamos emocionados. Uno de los dos necesitaba tomar la una iniciativa valiente de interrumpir la preces, visto que las actividades estaban a nuestra espera. Y todos los días la cena era la misma. Hoy, padre Fernando juega, recordando que nuestro grupo comenzó, persevero y terminó con los mismo miembros, es decir, nosotros dos. Y creo que la base de nuestra amistad esta en la oración.

Hay una jaculatoria de la coronilla de la familia que dijo: “Familia que reza unida permanece unida”. Con este testimonio, puedo afirmar también “Amigos que rezan unidos permanecen unidos”. La Palabra de Dios dice en Eclesiástico 6, 14: “Un amigo fiel no tiene precio, no hay manera de estimar su valor”. Soy muy agradecida por cada tesoro que Dios, en Su infinita bondad, me permitió encontrar.

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La amistad no muere

Piensa, con cariño, en las semillas de amistad que, seguramente, están guardadas en el suelo fértil de tu corazón y deja la lluvia de buenas recordaciones regarlas mientras esperas el tiempo de verlas germinar.

Me gusta cuando Ziza Fernandes canta: “amigo mismo cuando hay falla, cuando Dios construye un lazo, el amor jamás acaba (….)

La amistad verdadera nunca muere, y si viene a morir, es porque tal vez nunca ha sido verdadera o falto “buena tierra” para guardarla durante el sol ardiente del verano inevitable de la vida.

Hoy, paseando en los recuerdos de amistad que marcan su historia, quien sabe sea oportuno manifestar, de alguna forma, para tus amigos lo muchos que ellos son valioso en tu vida.

Que Jesús, el Maestro de la Amistad en todos los tiempos, nos enseñe la arte de cultivar ese don tan precioso. Recuérdate siempre: amigo nosotros guardamos.

Dijanira Silva
Misionera de la Comunidad Canción Nueva, actualmente reside en la misión de San Pablo

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