Una Luz para tu oscuridad

Cuando nos enfermamos, necesitamos tomar un remedio para sanarnos, cuando tenemos sed nuestro mayor deseo es beber agua para saciarnos, cuando tenemos hambre buscamos algo para devorar y calmar nuestra hambre, cuando estamos cansados buscamos un lugar para descansar, cuando tenemos sueño en el trabajo, anhelamos que llegue la noche de acostarnos y tener un dulce sueño, cuando estamos tristes, buscamos consuelo, cuando estamos alegres buscamos alguien con quien compartir nuestra alegría.

Así podría ir dando una infinidad de ejemplos de necesidades que tenemos los humanos y de cómo saciarlas. Si pasamos al campo espiritual aquí podríamos hablar de tantas carencias y necesidades que tenemos…sobre todo la sed y el hambre que tenemos de Dios y que muchas veces queremos saciarla con cosas del mundo, de nada sirve querer beber agua cuando estoy muriendo de hambre, está claro que esto no va a resolver nada y todavía podría hasta hacerme mal. De esa misma forma cuando tenemos hambre de Dios, cuando sentimos un vacío dentro de nosotros, no servirá de nada un alimento del mundo, ¡no va a saciarnos! ¡Y el sentimiento de vacío será mayor! Es por eso que hoy quiero presentarte una comida verdadera, un alimento eterno que sacia y el hambre ya no vuelve, un alimento sustancioso: ¡La Palabra de Dios!

“Para mis pies antorcha es tu palabra, luz para mi sendero”(Sal, 118, 105)

La Palabra ha sido en mi vida, fortaleza, consuelo, alegría, paz, realización, alimento. Y como dice este Salmo, ha sido “luz para mis pasos” , especialmente en las noches oscuras de mi vida, en las pruebas, cuando ya no veía salida a todo lo que estaba viviendo, la Palabra siempre me dio esa “luz” para ver hacia dónde caminar, que decisión tomar, que palabras decir… “Al abrirse, tus palabras iluminan dando inteligencia a los sencillos” (Sal 118, 130)

¿Cuáles son las situaciones que vives hoy? ¿En donde está tu esperanza por eso estás tan triste? Pon tu esperanza en el Señor, pon tu alegría en Dios, pon tu confianza en su Palabra. Si él te prometió algo, ¡él es fiel para cumplirlo! “Los que te temen me ven con alegría, porque espero en tu Palabra.” Sal 118, 74)

Ya viví muchas situaciones en las que también perdí las esperanzas. ¿Y por qué sucede esto? Porque fácilmente olvido la Palabra que Dios me da en cada situación. Recordemos aquí la Parábola del sembrador: esa semilla es la Palabra de Dios sembrada en nuestro corazón. “El que fue sembrado en pedregal, es el que oye la Palabra, y al punto recibe con alegría; pero no tiene raíz en sí mismo, sino que es inconstante y cuando se presenta una tribulación o persecución por causa de la Palabra sucumbe.”(Mt 13, 20) ¿Y por qué sucumbimos? Porque olvidamos las muchas promesas de Dios en su Palabra, tantas palabras de esperanza, de amor, de consuelo. Dios está siempre con nosotros y se hace escuchar en su Palabra. Recuerdo las palabras del Padre José Augusto, sacerdote de Canción Nueva, en una de sus homilías…“Quien tiene la Palabra de Dios en su corazón no se desespera.”

Jesús está presente en su Palabra, se hizo verbo y hoy habita entre nosotros en su Palabra, lo vemos en la Eucaristía, sabemos que está presente ahí en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, pero él quiso más, por eso es que se hace también presente en su Palabra ¡para que a través de ella nos pueda hablar!

La Palabra de Dios da vida y vida en abundancia, por eso no te desesperes, si quieres escuchar a Dios en lo que hoy estás viviendo, qué debes hacer, qué camino seguir, si necesita luz para la oscuridad que vives., si necesitas saciar tu hambre…busca la Palabra, allí está la respuesta.

Luz Torres
Comunidad Canción Nueva

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