Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré (MT 11, 28).
Lunes, talvez sea el día que menos deseamos ¿Quién ya no sintió el peso del desánimo, del sueño, la irritación y las ganas de abandonar todo? Esta es la invitación que Jesús te hace hoy. Abandonarse en Él y descansar de nuestro fardo y de nuestras luchas. Hay día, que parece imposible conseguir levantar de la cama. Son tantas situaciones, con la familia, con la salud, el desempleo, las situaciones emocionales que están fuera de nuestro control, donde nos sentimos impotentes. Y Jesús nos dice hoy: Vengan a mí (…) yo los aliviaré.
Son Palabras que no pasan y al oírlas provocan una gran liberación. Pues no hay problemas que con Dios no se puedan resolver, para Dios nada es imposible. Y son tantas cosas que nos parecen imposibles, por eso, te invito a que entregues al abismo de la infinita Misericordia todos tus problemas, todos tus fardos, miedos, enfermedades, cosas que tienes guardados sólo para ti en el secreto de tu corazón. Los hombres ven las apariencias, Dio ve el corazón.
“Confiadle todas vuestras preocupaciones, pues él cuida de vosotros” (IPedro 5,7). El propósito es rezar contigo por las causas que suelen sacarnos la paz y abatir nuestro corazón. El gran secreto, decía Jesús a Santa Faustina: “deposita todo en los vasos de mi infinita misericordia”. Pues Dios nos cuida, también en la pereza, aunque todo pruebe lo contrario. Él tiene todo bajo control. Cuando estamos lejos o cuando no aceptan nuestra ayuda, confía todo a Dios.
¡Vamos a rezar! Tomo pose de tu Palabra, confío y quiero creer que estás controlando todo, toma mis preocupaciones, mi fardo, mis dolores, mis problemas en casa, en mi trabajo, todo lo que no consigo resolver. Mi desánimo y mi cansancio. Cuántas veces lloré solo de tristeza y depresión, no sentí ni ganas de rezar, de salir de casa, por eso quiero repetir varias veces: Jesús, confío en ti.
“Nada de miedo, hombre predilecto. Calma. Coraje. Coraje”. Bastó hablar para que me sienta fuerte. Diga mi Señor, que me devolvió las fuerzas (cf Daniel 10, 19). Vamos a proclamar el señorío de Jesús y correr hasta Él, para recibir el descanso y la fuerza para continuar luchando y creyendo: Dios tiene todo bajo control. La alegra exorciza el demonio, decía San Francisco.
Dios cuida de mí, aunque no lo vea, aunque no perciba.
Dios nos cuida, no hay qué temer ni desanimar. Dios está conmigo, porque me ama. Dios está contigo, porque te ama. Dios está con nosotros, El nos cuida, Dios cuida de mí (Salete).
Jesús, confío en ti
Cuenta con mis oraciones.
Mi bendición fraterna
Padre Luizinho
Comunidad Canción Nueva









