Como enfrentar el sentimiento de inferioridad

19/11/2008

Nadie puede ser bueno en todo, a lo largo de nuestra historia son incontables las situaciones que, si son mal digeridas, acaban engendrando en nosotros el sentimiento de inferioridad.

Son dolores, desamores, rechazos, incomprensiones, entre otras realidades, que acaban marcándonos negativamente e impidiéndonos ser aquello que verdaderamente somos. Infelizmente, en virtud de la ausencia del autoconocimiento y del pésimo hábito de compararse con los demás, muchas veces, el corazón se hace rehén del miedo y esclavo del sentimiento de inferioridad. Existen momentos en la vida en los cuáles nos sentimos débiles e inferiores, y es natural que esto ocurra. Sin embargo, necesitamos aprender a trabajar tales sentimientos en nosotros y las consecuencias que estos imprimen en nuestro interior. Para enfrentar bien nuestros complejos, necesitamos saber quiénes somos, en relaidad, pues, necesitamos conocernos porfundamente, liberándonos así de las máscaras e ilusiones. Necesitamos comprender como funciona nuestro corazón, para que podamos invertir en nuestras limitaciones, buscando superarlas, y cultivar nuestras virtudes, perfeccionarlas.

Nadie puede ser bueno en todo, y quien no asume la verdad de su flaqueza y también “virtud”, correrá el riesgo de vivir constantemente aprisionado en un laberinto interior, encontrándose con sentimientos y dolores que no consigue nombrar ni comprender. Las máscaras nos ausentan de nosotros, ausentándonos de la propia vida, pues, cuando vivimos una superficial ilusión acerca de nosotros mismos, no conseguimos caminar ni progresar en virtud de que no tenemos aquello que realmente somos por principio.

Quien se conoce comprende que está en construcción y logra tener paciencia consigo mismo, no sintiéndose inferior delante de las virtudes ajenas. De esa forma, también consigue buscar pacientemente y con ternura el amanecer de las propias virtudes. Es sabiduría tener humildad y paciencia para trabajarse.

Quién no se ilusiona acerca de sí mismo, consigue tener la humildad de reconocer las virtudes de los otros y las flaquezas que le son propias. Quién así actúa no se condena a ser el “mejor en todo”, pues, acaba aprendiendo a lidiar con las propias imperfecciones, sin juzgarse inferior. Todos tenemos límites y estamos construyéndonos a medida que vivimos, por eso, el brillo de los otros no ofusca lo que somos; sino, al contrario, nos ilumina en el descubrimiento de nuestra esencia y lugar. Existen realidades en las cuáles no somos buenos, y existen otras en las cuáles nos destacamos. Necesitamos aprender a invertir en lo que tenemos de positivo y en nuestras cualidades, para que, a partir de ellas, podamos superar nuestras fragilidades.

No somos mejores que los demás, somos lo que somos: únicos, amados y capaces de amar. Somos seres de superación, seres que tienen un inmenso cielo para brillar, y que, por eso, no necesitan borrar a ningun estrella para que su luz se haga real. Somos diferentes, cada cual, con su belleza y ausencias, un universo donde la felicidad es siempre una posibilidad real.

En la medida en que vayamos asumiendo nuestra verdad y encarando con la cabeza “erguida” nuestra historia y aquello que somos, conseguiremos conquistar más el territorio que somos nosotros mismos, sin que nos comparemos ni juzguemos inferiores a los demás. Asumamos nuestro lugar y valor, y así construyamos, con la fuerza y gracia de Dios, nuestra victoria y libertad.

Adriano Zandoná
Comunidad Canción Nueva

Comentarios