Existen cuatro tipos de personas, que ven de formas diferentes el diablo:
- Existen aquellas que lo ven en todos los lugares, aun en las más mínimas cosas. Si algo va mal, ya piensa que el diablo está rondando, que necesita de exorcismo, etc. Son evidentemente exageradas.
- Hay para quienes el diablo sencillamente no existe, que es un producto cultural y nada más, una personificación del mal.
- Otras creen, pero solo teóricamente. De hecho ellas lo ignoran totalmente, nunca hablan del diablo, no le atribuyen ninguna iniciativa. Eso es muy cómodo para el diablo, porque cuando es ignorado puede actuar sin ser incomodado.
- Por último, aquellas que creen de verdad, que luchan contra el diablo, pero que consideran a Cristo como el centro, sea de la teología como de la vida.
A pesar de que el diablo ya fue vencido, está haciendo de todo para destruir el Reino de Cristo. Su batalla no es solamente contra nosotros, sino contra Cristo. Contra nosotros, porque somos hijos del Reino de Cristo. Atacando a los hijos, el diablo lo está haciendo al Reino de Cristo, para fragilizarlo.
Para una persona que está en el camino de la fe, el diablo no debe provocar miedo, al contrario, es el diablo que debe tenernos miedo, pues todo lo que Jesús había reservado para él, ahora nos entregó.
Toda aquella gracia, aquella gloria que era para Lucifer, el ángel de la luz, ahora la ve en nosotros. Y el diablo nos ve como frágil, por un lado, pero fuerte, por otro, por causa de aquella armadura que nos protege y por las armas que tenemos en mano. De esa forma el diablo tiene miedo del Hijo de Dios y tiene miedo, de manera especial, del sacerdote, por las armas que tiene en la mano, especialmente, el Sacramento de la Reconciliación.
En la celebración del Sacramento de la Reconciliación, la persona pasa de un lado para el otro. Renunciará al diablo y aceptará a Cristo en su vida. Es el momento más fuerte de la derrota del diablo.
El diablo nunca amará al hombre, ni a los participantes de las sectas satánicas, los adeptos a estas sectas no pueden amar al hombre. Los diablos ente sí se odian. Un poco de amor en el infierno apagaría todo lo que es el infierno, es el lugar donde sólo hay odio. Por lo tanto, cuando el diablo ofrece al hombre alguna cosa que parece buena, por ejemplo, una cura, acaba en un desastre.
Debemos prestar atención en la fuente y no en el resultado aparente. Si la fuente es el enemigo, el enemigo es odio, por tanto, no puede ofrecernos nada por simpatía a nosotros.
Fray Elías Vella
Del Libro Cura do Mal e libertação do maligno









