Sé que muchas personas piensan que la resurrección de Jesús es sólo un decir, que Jesús sólo está vivo en la Palabra, en el testimonio, en el anuncio en del kerygma, en el mensaje de los seguidores, sí, esto es cierto también, pero el está vivo, está resucitado, nuestro Señor esta vivo, hermanos, y apreció y dio pruebas de su vida, él está entre nosotros.
¿Cual fue la orden que dio cuando apareció?
Les dijo que se quedaran aguardando el cumplimiento de la Promesa, porque Juan había bautizado con agua, pero Él bautizaría con fuego.
Es más fácil que nuestra comunidad sea arrancada de este lugar hasta otro, que la Promesa de Jesús deje de cumplirse en tu vida. Quiero decirte a ti que llegaste hasta este día cansado, con un corazón quebrado, que este es tu día de recibir una vida nueva.
Pero para tener esta nueva vida, Jesús vino a traer dos cosas: el Espíritu Santo, y un nuevo corazón.
Necesitas del Espíritu Santo: una persona que no lleva al Espíritu Santo en su corazón, no lleva una vida espiritual. Esa alegría que tanto deseas, el amor que tanto deseas, ellos existen, y están encerrados en el Espíritu Santo. Pero para recibir este Espíritu Santo tenemos que tener un corazón nuevo. Jesús sabía que no ibas a poder vivir una vida nueva sin el Espíritu Santo como está escrito en el libro de Ezequiel 36, 26 :”Y os daré un corazón nuevo, infundiré en vosotros un espíritu nuevo, quitaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne” El Señor te dará un corazón nuevo para que puedas entender cuanto Él te ama.
Mira, con muchas de las personas que conozco, sufren porque no se sienten comprendidas, acompañadas amadas, y la vida se les volvió pesada, porque no se sienten amadas, pero nadie puede sentirse amado por los demás, por Dios, si no se tiene un corazón nuevo. Aunque no lo percibas, tu vida está en las manos de Dios. Sólo por el poder de su Espíritu Santo puede cambiar tu corazón. Jesús nos da su Espíritu Santo para que podamos sentir el gran amor de Dios, para que podamos usar los dones, para que podamos amar. ¡Tú no tienes noción del poder que tiene el Espíritu Santo que recibiste en el bautismo, él tiene poder de vencer las fuerzas infernales que quieren apagarte!. Con el Espíritu Santo no existe barreras que no puedas traspasar, abismos que no puedas saltar. El Señor nos dio su Espíritu Santo para que podamos conocer los dones que Él mismo nos dio.Recibimos por el Espíritu Santo los dones de la Palabra, de la fe, la gracia de orar por la sanación de las personas, pero muchas veces no sabemos cuales son, porque no nos abrimos al Espíritu Santo.
Desde el día en que recibiste al Espíritu Santo nunca más estuviste solo. El Espíritu Santo fue el gran amigo de Jesús, dondequiera que Él iba, el Espíritu Santo estaba con él y éste es el gran amigo, la gran compañía que Jesús quiere darte, y este amigo no es uno lejano, imposible, es uno cercano, es un guía real, infalible. Si de verdad lo quieres, ante las decisiones de esta vida, nunca te equivocarás, porque el Espíritu Santo no se equivoca. Cuando cuentas con Dios, las respuestas son correctas.
Una vez Moisés estaba deprimido, se desahogó delante de su suegro diciendo: “no aguanto más, este pueblo no es mío, no aguanto más, no lo lograré” Y Jetro, su suegro le dice:”Tienes que tener sabiduría, no tienes vivirlo todo solo, divide las responsabilidades. Cuando lo hagas, sólo interferirás en las cosas muy importantes”. Y le dice: “debes presentarle a Dios las cosas importantes y esperar en oración las respuestas que vienen de Él”. Cuando nosotros hacemos lo mismo, podemos esperar en Dios la respuesta correcta.
Ser padres de familia es una responsabilidad. Tus decisiones de padre, de madre, afectan muchas vidas. Muchos padres desearían ser mas sabios para que su hogar ande bien, cuantos padres que se golpean el pecho diciendo:”¿qué fue lo que hice mal con mi hijo?”
Porque a veces las decisiones que tomamos no son en Dios.
Por eso Jesús derramó su Espíritu Santo sobre nosotros para que comprendamos que somos hijos de Dios y como tales, tenemos una herencia que está en el Reino de Dios. No sólo la tierra, sino que también el cielo, desde aquí en la tierra. ¿Qué es el cielo? El cielo es Dios y quien tiene a Dios en su corazón aquí en la tierra, ya tiene el cielo.
El Señor quiere transformar nuestro corazón en un corazón de hijo, un corazón libre que viva de la fe. Di ahora en tu corazón: “Yo vivo en Dios, no sólo de comida, no sólo de placer, no sólo de cariño, sino que yo vivo de toda Palabra que sale de la boca de Dios, esta es mi liberación, el asumir que Jesús es mi único Dios y Señor. Señor Jesús, transfórmame, trasnforma mi corazón”
Nosotros vivimos del Espíritu Santo, existe una ley que debo seguir, no exterior, sino que una fuerza divina que te empuja a hacer el bien, a optar por el amor, y el amor contagia. El amor que no damos, pasa, se pierde. ¿Por qué amamos a las personas, porque amamos a personas inclusive que nos son desconocidas? Porque el amor que Dios nos dio es tan grande, que no podemos contenerlo, es tan gigante que nos impulsa a amar a quienes poco conocemos, a quienes nos han hecho el mal.
En este momento el Señor nos libera de todo yugo, de todo pecado. Es el Espíritu Santo que quiebra el yugo del pecado, del adulterio, de los vicios, del odio, de la falta de perdón y es este Espíritu Santo el que Dios quiere derramar sobre nosotros.
Quien se deja dominar por la carne, y todos ya pasamos por eso, se vuelve esclavo de la carne. Detestamos lo que hacemos, pero al girar la esquina ya estamos haciéndolo de nuevo. Decimos que nunca más murmuraremos pero un tiempo después ya murmuramos de nuevo, pero, hermanos, cuando el Espíritu Santo entra a nuestro corazón, llega a nuestra vida, el produce en nosotros obras nuevas. Es el Espíritu Santo que nos da cosas nuevas.
Cuando el Espíritu Santo llega, trasnforma nuestros ojos, nuestra sonrisa, nuestro abrazo, sólo basta decir “Ven, Espíritu Santo”. A veces, venimos para acá y vivimos cosas maravillossas, y ahí viene el acusador y dice: “Dios está aquí, pero no podes recibirle al Espíritu Santo” Sin embargo, el Señor te dice: “Yo cancelo todas tus deudas, cancelo todos tus pecados, puedo darte lo mejor que ya hayas recibido” No existe nada que pueda impedir la acción de Dios en tu vida.
La Palabra de Dios es vida. San Pablo dice a los Corintios lo que no dice a la Iglesia de Jerusalén, que era mucho menos orante que la de Jerusalén, les dice: “No les falta ningún don” Y saben lo que era Corinto, era una sede comercial, era muy conocida, tenía puerto, en una época en que el principal transporte era el navío. Corinto no era sólo conocida por eso, por el comercio, sino q porque ahí había todo lo equivocado que pudiera haber, pedofilia, incesto, prostitución, esta se consideraba sagrada, había un templo donde se practicaba la prostitución, las siervas de la prostitución se esparcían por las calles, había muchos alcohólicos, homosexuales. Y es ahí, donde Pablo dice: “no hay pecado alguno que pueda separarles del amor de Dios. La salvación de Dios está sobre ustedes, desde que el Espíritu Santo entró aquí, cortó todo error que habías cometido. Por la sangre de Jesús fueron purificados, lavados, justificados”.
Di ahora: “En el nombre de Jesús rompo toda relación con el pecado, estoy dando un NO radical a Satanás, rompo con su astucia mentirosa, porque yo estoy en Cristo soy una nueva criatura, todo lo viejo ha pasado, he aquí que todo se hace nuevo”
Pero si me dices: “Marcio, yo ya recibí le bautismo en el Espíritu Santo, pero me alejé, volví a caer, me aparte” Quiero decirte que el Espíritu Santo hace nuevas todas las cosas no solo una vez, sino que siempre, constantemente
Jesús dijo que esperaran en Jerusalén el cumplimiento de la Promesa que es el Espíritu que hará en ti cosas poderosas, y ¿qué cosas poderosas son estas? Están escritas en Mt 10, 1 “Y (…) les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos, y para curar toda enfermedad y toda dolencia.” Cuando dices “Ven, Espíritu Santo” estás pidiendo la fuerza y la sanción para tu vida.
Cuando recibas al Espíritu Santo, conocerás a Dios de una forma que nunca antes lo habías conocido, podrás hacer una experiencia nueva con el amor de Jesús. Sólo estarás triste si decides estar triste, porque el ya te dará su amor, su alegría que no tienen medida. El Espíritu Santo hará de Dios el centro de tu vida. Descubrirás el poder que tienen tus palabras sobre una persona triste, enferma. El Espíritu Santo quiere actuar en ti.
Una clara de señal de que abrimos nuestro corazón y recibimos al Espíritu Santo, no es tanto el don de las lágrimas, el don de lenguas, el reposo, lo es también, pero una clara señal de que lo recibimos más que ninguna otra, es la capacidad de alabar el nombre del Señor, es el poder levantar los brazos y desde el fondo del corazón decir: “Yo te glorifico, Señor, porque tú haces de mi una criatura nueva por el Espíritu Santo. Yo te alabo, mi Dios, porque yo me revisto de tu Espíritu, Señor. ¡Glorias y alabanzas a ti, Señor!”
Marcio Mendes
Misionero, teólogo de la Comunidad Canción Nueva
Retiro de Pentecostés 2009









