El año comenzó. ¡Volvemos a la realidad!

Las fiestas, en la pasaje del año, engalanan que seguramente, encubrí la realidad. El íntimo de cada individuo, los escenarios económicos, políticos y religiosos muestran aspectos muy diferentes que se presencia en las conmemoraciones espectaculares. Por eso mismo, exigen tratamiento adecuado. Obviamente, la euforia de la cuenta regresiva, cuando termina un año civil y comienza un año nuevo, se justifica por el nutrimento de las esperanzas traducidas con los augurios de todo tipo. Además de ser una propriedad del corazón humano, esperar un nuevo tiempo se pone como exigencia y apremiante necesidad, especialmente cuando se considera los descalabro y descompaso civilizador, como el crecimiento de la miseria, la condición cruel de los refugiados, la practica irresponsable de exterminios de indígenas, moradores de calle, mujeres. Pasadas kas conmemoraciones, es necesario buscar profundos cambios que permitan superar eses personas que recaen, especialmente, sobre los más pobres e indefensos.

Impresionas lo mucho que se gasta con fuegos de artificio, incalculable es el consumo de comida – para además de la necesidad – y de alcohol. Las fiestas en la pasaje de año están lejos de la realidad de diferentes canario sociales. Muchos parecen buscar la alegría no en la expectativa de un tiempo nuevo, pero no espectáculo que reúne fuegos, comida y bebida. Se ve en la fiesta, una posibilidad equivocada de hacer surgir la novedad esperada, el futuro que se quiere. Esta reflexión no es juicio moralista – desventajoso e inasimilable en las celebraciones festivas de la pasaje del año. Se trata de indicación que puede ayudar a darse cuenta que, además de las fiestas, es necesario avanzar en la búsqueda por los camino capaces de llevar la nueva etapa civilizador.

Foto: Boonyachoat by Getty Images

Al año comenzó y, junto de él, una nueva serie de días y nuevos cambios

Siempre tendrá fiestas, que son también importantes contribuciones para componer el tejido de la ciudadanía, constituir la dimensión interior que sostiene conductas e inspira sentimientos de solidaridad a partir de un encantamiento por la vida, que no se puede perder, porque llevaría una falta de gracia suicida. La baja estima por la vida corroe interioridades, percepciones inviable para vivir analizando, perjudica el cumplimiento de obligaciones y posturas de las luces y cores, aún siendo un fenómeno efímero, es belleza que marca el camino inaugurado por contar unan nueva serie de días venideros, pero también puede ocultar una esencialidad interior que, si es desconsiderada, lleva las situaciones desastrosas.

El ingrediente peligroso es ilusorio que oculta y, al mismo tiempo, indica haber una baja estima por la vida es revelado en las fiestas que sustituyen el encuentro familiar, el cambio de la solidaridad por la ostentación de ropas y maquillaje, en la simples búsqueda por la aceptación de los demás en lugar de cultivar lazos verdaderos de amistad, en el comer y beber exageradamente mientras se conversa sobre veleidad. La sociedad contemporánea, descompasada social,y políticamente, mismo culturas y religiosamente, encubrí y, al mismo tiempo, es vector de bajas estimas, que llevan la revueltas, a la falta de respeto a principios éticos y a todo tipo de violencia. Se abre mano de la simplicidad, de la sobriedad y del equilibrio, que sanan indiferencias, desabores y la falta de gusto por el altruismo y por la vida.

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Un nuevo ciclo lleno de sorpresas

En oposiciones a las ilusiones, la espiritualidad proporciona una cualificación interior para que se tenga coraje de volver a la realidad, siempre, de nuevo, a cada día, y, al reconocerla, humanizarla. Así, contribuir en la superación de los descompaso y manipulaciones que siguen a diezmar la humanidad. Cuando el ser humano basada solo en la razón, no consigue avanzar en la dirección de un mundo mejor. Fracasa, o incluso tira en la lama sobre lo que ya conquisto, por falta de cualificado humanismo que formata hábitos, practicas y posturas ciudadanas. El resultado es siempre la vida amenazada, como revelan muchos acontecimientos recientes, ya vividos en este año nuevo.

La vuelta a la realidad es ejercicio cotidiano para la confección de un nuevo tejido civilizador, en contramano de prepotencias de jefes de Estado, de opciones criminosas en instancias o instituciones. Es considerar la necesidad urgente de desmontar esquemas estructurales y coyuntural, también individuales, de los muchos que no quieren renunciar a sus privilegios y, consecuentemente, pasan por encima de la dignidad humana y del bien común. Desafío y exigencia, volver a la realidad, sin miedo de su crueldad y a partir del sueño de transformala, es paso decisivo para un nuevo humanismo, integral: cultivando una vida sencilla, el coraje sabia para enfrentar adversidades con alegría, promoviendo el bien, la justicia y paz.

Dom Walmor Oliveira de Azevedo
El Arzobispo Metropolitano de Belo Horizonte (Brasil), Monseñor Walmor Oliveira de Azevedo, es doctor en Teología Bíblica por la Pontifica Universidad Gregoriana. Actualmente miembro de la Congregación para la Doctrina de la Fe y de la Congregación para las Iglesias Orientales. En el Brasil, es obispo referencia para los fieles católicos de Rito Oriental. http://www.arquidiocesebh.org.

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