¿Cuál es el primer paso para nuestra unión con Dios?

La confesión es la primera cosa que hacemos para acercarnos de Dios

Ese es el primer texto de una hermosa jornada que yo te propongo. Vamos traer un trabajo de estudio y experiencia. En realidad, acaba siendo también un testimonio de como el estudio puede ayudarnos a avanzar en una jornada de unión con Dios. Y el primer paso para esta unión es conocer a fondo el sacramento de la confesión.

¿Cómo así? ¿Qué puede haber más en este asunto? Buena parte de nosotros católicos ya estamos acostumbrados a esta practica.

Sabiendo de eso, en mí burbujeó una inquietud profunda con muchas cuestiones: ¿por que no avanzamos en nuestra vida espiritual como los santos de la Iglesia? Pero después de todo, ¿la invitación a la santidad no es para todos? Por que, hoy en día, con ese montón de católicos en el Brasil, ¿no escuchamos hablar de señales y prodigios más contundentes y frecuentes? ¿Por que nuestra oración solo gira alrededor de mil pedidos de sanación y liberación?

Foto ilustrativa: Wesley Almeida/cancaonova.com

Mirando para la historia de la Iglesia, hace pocas décadas, había un florecimiento en la Iglesia, cuando las personas se santificaban en una vida ordinaria de vivencia de los sacramentos y oración. ¿Donde fue que eso disminuye?

Con el pasar de los textos, deseamos, de corazón, que quede claro a ti, como nuestra generación perdió completamente la dimensión del pecado, debido un nivel intelectual y moral tan bajo como casi nunca se vio en la historia. También no sabemos más confesar con las santas disposiciones, para nunca más, con la ayuda de Dios, caer en pecados graves.

A partir del momento que nos confesamos bien, llegamos a la estaca cero de nuestro camino espiritual y santificación. A partir de ahí, ¿cuál sería el próximo paso?

¿Vamos?

El ser humano, al ser creado, así como vemos en Génesis, era poseedor de una intimidad muy profunda con Dios. Él tenía una relación cara a cara con el Señor. Fue creado después de todas las cosas, y nuestro Dios sometió todo a él (Gn 1, 28).

Esta intimidad profunda dispensaba la existencia de mandamientos. Todo seguía la ley natural plantada en el corazón del hombre. Dios solo dio la dirección de no comer del fruto del árbol del medio del jardín del Edén, porque sabía que si el hombre lo comía, moriría, es decir, rompería esta intimidad con el Señor (Gn 3, 16-17). Además, el hombre sabía que hacer, como si comportar de forma que fuera buen para Dios, para el otro y para si mismo. Desgraciadamente, sin embargo, ellos se corrompieron al comer del fruto del bien y del mal.

Alejándose de Dios

El tiempo pasó y el ser humano fue se alejando, cada vez más, del Señor. Él, sin embargo, los quiere de vuelta. Entonces, envía los profetas para llamarlos. Estos están, en todo tiempo, llamando los hombres para reanudar su relación rompido con Dios.

Todo el Antiguo Testamento se convierte en un preludio de la venida de Jesús.

¡Rever esa relación con Dios, rompido con el pecado original, es posible! Con la venida de Jesús y por medio de Él, tenemos los medios de restablecer esta intimidad por medio de los sacramentos: bautismo, crisma, Eucaristía, penitencia o reconciliación, matrimonio, orden y unción de los enfermos.

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Sacramentos

Los sacramentos son señales sensibles (palabras y acciones), accesibles a nuestra humanidad actual, eficazmente, la gracia que significan en virtud de la acción de Cristo y por el poder del Espíritu Santo. (Cf.CIC 1084).

El diploma no hace de una persona un medico. Lo que realmente lo hace capaz son los varios años de estudio y disciplina. El diploma funciona sólo como una señal de aprobación del alumno de medicina.

Los sacramentos, al contrario, en sí, son símbolos de lo que representan. Por ejemplo, el bautismo es el símbolo del baño, de un lavado espiritual que el cristiano debe hacer de la suciedad del pecado original. ¡El bautismo realmente hace eso! Él nos purifica de todo pecado y nos hace capaces de alcanzar esta conexión íntima perdida en el Eden.

La Eucaristía simboliza el sacrificio del Cordero para la expiación de los pecados. El altar es el lugar del sacrificio. Al mismo tiempo, el altar es la misma del banquete festivo del cielo. De hecho, la Eucaristía alimenta nuestra alma.

El sacramento de la confirmación, o Crisma, trae el bautismo del Espíritu Santo en la vida del cristiano.

El sacramento del matrimonio simboliza la alianza entre Dios y los hombres. Ese sacramento debe ser vivido, dentro de una dimensión de donación entre los cónyuges, semejante al amor y donación del propio Dios por la Iglesia. Él se entregó en sacrificio de amor por ella sin ninguna reserva.

El sacramento de la penitencia simboliza un juicio. Allí, el reo se acusa de los propios pecados; además, esa confesión de los crímenes cometidos, en vez de guiar a la condenación, hace alcanzar la Misericordia Divina. Nos sana de la herida causada por el pecado.

Los sacramentos son los medios, creado por el Señor Jesús, para infundir a la gracia santificante en el alma de la persona.

Restauran la gracia de Dios

Ellos restauran la gracia de Dios una vez alcanzada o la crea por la primera vez en el corazón. Esta gracia de Dios trabaja como un organismo sobrenatural. La finalidad de ese organismo es la de acercarnos cada vez más de la filiación divina, de la unión más intima posible entre Dios y el hombre. La imagen del organismo dice bien: son, en sus varias partes, una dependiendo de la otra, en las diversas dimensiones del ser humano, acercándonos de la unión con Dios.

Hay varias formas de trabajar y aumentar la gracia de Dios en nuestro interior, y una de estas formas es la vivencia correcta de los sacramentos.

Una de las gracias específicas del sacramento de la Eucaristía es aumentar el amor en nosotros. Es una gracia especifica de este sacramento. Hacer nuestro amor crecer sobrenaturalmente y se transformarse en actos cada vez más perfectos.

La gracia especifica del sacramento de la reconciliación es fortalecer el penitente de la lucha contra el pecado y restaurar la intimidad con Dios.

Durante las próximas semanas, vamos concentrarnos en el sacramento de la penitencia. Él es clave para comenzar cualquier camino espiritual capaz de llevarnos a la unión con Dios. Si no es bien vivido, los demás sacramentos no operan lo que pueden hacer en nosotros. No habrá intimidad con Dios si convive con pecados graves.

Roger de Carvalho
Roger de Carvalho, natural de Brasilia – DF, es miembro de la Comunidad Canção Nova desde el año 2000. Casado con Elisangela Brene y padre de dos hijos. Es estudiante de Teología y Filosofia.
Autor del blog “Ad Veritaten“.

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