¿Por que Jesús manifiesta preferencia por los niños?

Querido internauta, quiero comenzar este artículo con un breve testimonio. En un cierto momento, yo estaba responsable por la organización de una linda celebración Eucarística. En ella, algunos niños iban recibir Jesús por la primera vez. Corriendo durante unos cinco minutos antes que comience esta celebración tan importante, fui interpelado por alguien que tiraba el sobrepelliz, el mío.

En el comienzo, comencé que sería más una persona para preguntar, por ejemplo, lo que hacer en el procesión de entrada o quien sería los lectores. Tal vez fuera alguien para decir que las velas del altar aún no estaban encendidas o algo semejante. ¡Engaño mío! Era un niño pequeño, con poco más de siete años, que me va hacer una pregunta: “¿Por que Jesús ama los niños?”.

Debo confesar que, delante del contexto difícil en que estaba, pensando que la pregunta de ella estaba dentro de otras decenas que ya había respondido y más decenas que debería de responder antes del comienzo de la celebración, he pensando en ignorarla.

Foto: Wesley Almeida/cancionnueva.com.es

En el primer momento, reconozco, cometí ese pecado. Luego volví a las actividades, cuyo objetivo no era otro sino dar alguna orden para aquellas situación difícil. Además, la pureza y la verdad con aquella niña me hizo la pregunta me dejo inmensamente incomodado. Yo necesitaba dar a ella una respuesta.

Podemos aprender mucho con los niños

Antes de seguir la narrativa de este testimonio, quiero afirmar que podemos aprender mucho con los niños. No es por acaso que Jesús, en el Evangelio de Mateus, dijo a los discípulos (y a todos nosotros) que si no nos convertimos niños, no entraremos en el Reino de los cielos (Mt 18, 3).

Sin embargo esta parte del Evangelio no está se refiriendo propiamente (o solo) a la pureza, la inocencia o la perfección moral de un niño, no se puede negar que, estos requisitos, los pequeños son grandes maestros.

Esta pasaje esta más asociada a la dependencia que tiene los niños de tus padres. Una dependencia sincera y sin confianzas. Solo ellas son capaces de entregarse con verdad y pureza. Los niños tienen inocencia y pureza en la mirada, en la forma de hablar, en el pensar, como comportarse. Ese ejemplo que debemos buscar.

El Catecismo de la Iglesia Católica, en el parágrafo 2519, nos recuerda una promesa que Dios hace a todos los hombres: “Mientras yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño, pero cuando me hice hombre, dejé a un lado las cosas de niño. Ahora vemos como en un espejo, confusamente; después veremos cara a cara. Ahora conozco todo imperfectamente; después conoceré como Dios me conoce a mí” ( 1 Cor 13,12). Así, la pureza del corazón es condición previa para que esta visión ocurra. Y si la pureza de corazón nos permitirá ver a Dios cara a cara, desde ahora, ell nos permite ver todas las cosas según Dios. ¡Cuanta belleza hay en esta maravillosa posibilidad enviada a nosotros por Dios!

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La pureza disipa el pecado

Bueno, tu aún debes estar preguntando cual habría sido la respuesta que he dado para aquella niña de he hablado en el comienzo del artículo. De antemano, ya informo que no fue nada de otro mundo. En aquel momento difícil, la única cosa que me vino al pensamiento fue una simple analogía. He preguntado si a ella le gustaba piscina, y ella respondió positivamente con la cabeza.

Entonces, pedí a ella para imaginar una piscina muy grande, la mayor que ella ya había visto, llena de agua cristalina. Tan cristalina a punto de ser posible ver los azulejos del fondo. Ella respondió positivamente con la cabeza nuevamente. He dicho a ella que Dios amaba a los niños, porque el corazón de ellas es tan puro y cristalino cuanto el agua de aquella piscina. Aquella niña no me hizo más ninguna pregunta, sencilla y luego se volvió para sus padres.

Luego que eso ocurrió, me ocurrió un segundo pensamiento. No tuve la oportunidad, en aquel momento, de exponer para aquella niña, pero me gustaría de decir a ti. Intenta imaginar una pequeña gota de café. Entonces, pregunto: ¿si alguien dejase caer esta gota de café en una piscina olímpica que iba ocurrir? Si esta misma pregunta fuera dirigida a mí yo respondería: “Cuando tocar en el agua, la gota desaparecería, sería totalmente diluida”.

Por fin, termino con el siguiente pensamiento: delante delos niños, el pecado es como una gota de café. Al entrar en contacto con la pureza de estos pequeños, sería inmediatamente disipada. Donde hay pureza, el pecado no tiene fuerza.

¡Busquemos la pureza de un niño! ¡Ella nos llevara para el cielo!

¡Dios te bendiga!

Gleidson Carvalho
Natural de Valença – RJ (Brasil), pero vivió parte de su vida en Piraúba – MG (Brasil). Hoy, él es misionero de la Comunidad Canção Nova, candidato a las ordenes sacras, licenciado en Filosofía y licenciando en Teología, ambos por la Facultad Canção Nova, Cachoeira Paulista – SP (Brasil). Actúa en el Departamento de Internet de la Canção Nova, en la liturgía del Santuario del Padre de las Misericordias y en los Confesionarios. Presenta, con los demás seminaristas, el “Rosario en Familia” por la Radio Canção Nova AM. (Instagram: @cngleidson)

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