La oración es el relacionamiento entre Dios y el hombre

El catecismo de la Iglesia Católica enseña que Dios creó el hombre en el amor,  por amor y para el amor, lejos de esto, escribió en su corazón un deseo de relación con Dios. Solamente en este relacionamiento el hombre encuentra la verdad y la felicidad que procura incesantemente. En su amor, desde la creación, Dios establece una relación profunda y concreta que es infringida cuando, en su libertad, el primero hombre elige desobedecer-lo. Como consecuencia, la harmonía esta rompida, la naturaleza humana privada de santidad está herida por su pecado.

Con todo, mismo después de la caída, el hombre no fue abandonado por Dios. En Cristo, el velo se rasga, el cielo se abre, y nuevamente, el puede aproximarse del Señor. A partir de entonces, la oración pasa a ser el medio donde nos relacionamos con Dios. Ella sitúa este espacio de relacionamiento donde nosotros nos encontramos con el Señor, hablamos con Él también, lo escuchamos. En este medio, somos revelados a nosotros mismos a través de Dios y Él también se revela a nosotros.

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¿Qué es la oración? Por que rezar?

Porque no entendemos de hecho lo que es la oración, muchas veces, rezamos por varios motivos, pero no escuchamos unidos a Dios. El gran deseo del Señor en la oración es atraernos a él, tornar nuestro corazón conocido y revelarnos a nosotros en todo lo que es, y no solamente en lo que puede hacer. Por eso, la oración no es solamente de pedir lo que necesitamos, y si nuestra forma de nosotros relacionarnos con Dios, de establecer con Él un compromiso, una alianza.

La oración que agrada el corazón del Padre no es una oración formada por palabras hermosas, pero si la oración que comporta la verdad de mi corazón. Si comprendemos que la oración es un relacionamento, podremos rezar en todo lo que hacemos uniendo nuestro corazón a Dios en cada detalle de nuestro día. Así, dedicamos momentos específicos para estar solamente con el Señor, pero podremos continuar con Él durante todo nuestro día.

Une su corazón a Dios por la oración

Persistir en la oración es insistir en la relación con Dios. Ninguna oración queda sin respuesta. Y en la mayoría de las veces, la primera respuesta es la conversión de nuestro corazón. Es necesario perseverar, Dios siempre responde nuestra oración. Recorrer este camino con insistencia es también un camino de crecimiento en la fe.

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La sagrada escritura, muchas veces, trae que cuando Jesús iba a orar, Él sube  al monte. Eso para decir que, en la oración, existe siempre una exigencia, un esfuerzo que es nuestro, poner en oración siempre será un camino de subida. Muchas veces, ligamos la oración a nuestros sentimientos y nuestra voluntad, y así, si tenemos voluntad de rezar, rezamos; si sentimos que Dios está con nosotros rezamos porque este sentimiento en la oración nos hace bien, etc.

Por lo tanto, la oración no está basada en el sentimiento y en la voluntad, ella es una necesidad de nuestro corazón. Cuando reconocemos esta necesidad, somos capaces de adentrarnos en este camino cuesta arriba, yendo más allá de los sentimientos y de la voluntad para crecer en la intimidad con el Creador.

La gracia de Dios

Lejos de nuestro esfuerzo, existe una parte en la oración que es gracia. Si quisiera caminar solos en la oración, llegará una hora que no más conseguiremos: El gran regalo para permanecer en la oración es reconocer necesitado de la gracia de Dios. Y el espíritu santo viene en auxilio de nuestra flaqueza y reza en nosotros. Contar con el Espíritu Santo es el gran regalo para permanecer en la oración y crecer en la relación con Dios.

Referências:
1 Catecismo de la Iglesia Católica N 27
2 Romanos 8,26 

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