La segunda venida del Señor está cerca

Necesitamos decir un solemne no a las impurezas que entran a nuestra a casa

“Habla que tu siervo escucha. Háblame, Señor, que tu siervo escucha”. Queremos que el Señor nos hable, por eso abrimos nuestros oídos y nuestro corazón. Que el Señor esté en mis oídos y en mi corazón para que yo escuche bien la Palabra del Santo Evangelio.

El Evangelio de hoy es elegido en conmemoración a la Dedicación de la Basílica de Letrán. En este pasaje, vemos que Jesús arma un chicote de cuerdas y expulsa a los vendedores que estaban ensuciando el templo. Hacer un chicote lleva tiempo, y Jesús lo hizo para mostrar que actuaba con ímpetu. Los vendedores formaban cuadrillas que exploraban el pueblo para obtener beneficio.

Jesús purificó aquel templo y quiere purificar los de hoy. ¿Cuáles son? “¿No saben que ustedes son templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes? Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él. Porque el templo de Dios es sagrado, y ustedes son ese templo”. Había, en aquel tiempo, el santo de los santos donde habitaba Dios, y tú eres este santo de santos, porque Dios habita en ti.

Eres templo del Señor y necesitas tomar esto en serio: “Si alguien destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá”, porque el templo del Señor es santo.

Foto: Archivo CN / cancionnueva.com.es

 

Si fuese un domingo normal, el Evangelio sería otro, sería la parábola de las diez vírgenes, que nos ayuda a comprender la Palabra de hoy. Antiguamente, en las vísperas del casamiento, las amigas de la novia iban al encuentro del novio, y así comenzaba la fiesta del casamiento. Esta parábola al final dice: “Estén atentos, no saben ni el día ni la hora”.

No podemos ser como las vírgenes imprudentes, porque el Señor está a la puerta. Qué día va a llegar, no lo sabemos, pero está dando señales para que estemos preparados y vigilantes. Lo interesante es que esta parábola viene después de que Jesús hablara sobre el fin de los tiempos. Uno de las frases clara que dijo es esta: “Entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del Hombre. Mientras todas las razas de la tierra se golpearán el pecho, verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo con el poder divino y la plenitud de la gloria” (Mateo 24,30).

¡Imagina lo lindo que será cuando el Señor regrese y todos los muertos resuciten para ir al encuentro del Señor en el cielo! Los que estén vivos, explica San Pablo, no necesitarán morir, porque serán transformados y recibirán un cuerpo glorioso. Eso es lo que nos espera.

=> Preparémonos para la segunda venida de Cristo

“Entonces se verá al Hijo del hombre viniendo sobre las nubes con poder y gloria”. Al inicio del capítulo 4 de la carta de San Pablo a los Tesalonicenses, el apóstol afirma que esta es la voluntad de Dios: nuestra santificación. Esta es la manera acertada de prepararnos para la venida del Señor. Por eso, es necesario ser cada día más santo, crecer en santidad de vida. Un poco más adelante, en el mismo capítulo, el autor afirma que Dios no nos llamó a la impureza, sino a la santidad.

Necesitamos decir un solemne no a las impurezas que entran a nuestra a casa. No se cómo aún ves la basura que son las novelas. Es como un camión de basura que se estaciona en tu casa todas las noches y descarga impurezas, promiscuidad y homosexualidad. Lo peor es que nuestros hijos, nuestros niños, adolescentes y jóvenes reciben todo ese camión de impurezas.

Jesús hoy quiere hacer una limpieza en tu casa y quitar toda la impureza, impedir que esa basura infectada entre a tu vida. Lo que Dios quiere de ti es pureza y santidad para tu familia. Que no sea necesario que Él entre en tu casa y haga lo que hizo en el templo de Jerusalén. Haz tú mismo una limpieza en tu vida antes que sea tarde y sea necesario que lo haga Jesús.

Debes querer un matrimonio, tus hijos y toda tu familia limpia y santa. Pide a Dios la gracia de una santidad cada vez más creciente.

San Pablo escribió a los Filipenses “En cambio, nosotros somos ciudadanos del cielo, y esperamos ardientemente que venga de allí como Salvador el Señor Jesucristo. El transformará nuestro pobre cuerpo mortal, haciéndolo semejante a su cuerpo glorioso, con el poder que tiene para poner todas las cosas bajo su dominio” (Filipenses 3,20-21). Qué maravillosa verdad es esta, la certeza que la Palabra de Dios nos da.

El Papa Francisco habló claramente sobre la venida de Jesús no como algo distante, sino de nuestros tiempos. Todo muestra que estamos, juntamente, en ese contexto. El Papa incluso habló que el Señor transformará nuestro cuerpo y lo hará semejante a su cuerpo glorioso. Hace algunas semanas atrás, el Papa, igualmente, habló sobre la venida de Jesús. ¿Tienes dudas de que el Espíritu Santo está inspirando al Papa a hablar de eso?

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Es por eso, justamente, que han sucedido muchas cosas dolorosísimas. “Por eso, alégrense, cielos y los que habitan en ellos. Pero ¡ay de la tierra y del mar!, porque el Diablo ha bajado donde ustedes y grande es su furor, al saber que le queda poco tiempo. Cuando el dragón vio que había sido arrojado a la tierra, se puso a perseguir a la mujer que había dado a luz al varón” (Apocalipsis 12,12-13). Si la palabra para el cielo es “alégrense”, para la tierra es “cuidado”, porque el “demonio ha sido arrojado a la tierra”.

El demonio sabe más que nosotros, sabe que Jesús está volviendo y que está cerca. Sabe que su regreso es inminente. La ira de Satanás ya es terrible, pero ahora viene lleno de gran ira, sabiendo que le queda poco tiempo. En este tiempo, no te puedes perder en cosas tontas, de ninguna manera, porque queda poco tiempo. Por un lado el Señor vendrá, pero, por otro, Satanás ha atacado con gran ira, sabiendo que le queda poco tiempo.

“Después vi un cielo nuevo y una tierra nueva, pues el primer cielo y la primera tierra habían desaparecido y el mar no existe ya. Y vi a la Ciudad Santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo, de junto a Dios, engalanada como una novia que se adorna para recibir a su esposo. Y oí una voz que clamaba desde el trono: «Esta es la morada de Dios con los hombres; él habitará en medio de ellos; ellos serán su pueblo y él será Dios-con-ellos” (Apocalipsis 21,1-3)

Afirma que quieres que eso suceda contigo y toda tu familia. Cuando el Señor regrese, él enjugará las lágrimas de sus ojos. Ya no habrá muerte ni lamento, ni llanto ni pena, pues todo lo anterior ha pasado. Y el que estaba sentado en el trono dijo: «Ahora todo lo hago nuevo». Luego me dijo: «Escribe, que estas palabras son ciertas y verdaderas.» (Apocalipsis 21,4-5). Sí, el Señor va a hacer nuevas todas las cosas Y añadió: “Ya está hecho. Yo soy el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin. Al que tenga sed yo le daré de beber gratuitamente del manantial del agua de la vida. Esa será la herencia del vencedor: yo seré Dios para él y él será hijo para mí” (Apocalipsis 21,6-7).

El Señor dice cosas muy gloriosas, muy lindas, y las coloca en primer lugar, pero, porque es Padre, también muestra la otra cara: “Pero para los cobardes, los renegados, los corrompidos, los asesinos, los impuros, los hechiceros, los idólatras, en una palabra, para todos los falsos, su lugar y su parte es el lago que arde con fuego de azufre, que es la segunda muerte” (Apocalipsis 21,8). Que la segunda muerte no suceda para nadie, ni para mí ni para ti.

El Señor nos dice: “Sí, estoy llegando”. Y nosotros decimos: “¡Ven, Señor Jesús!”

Monseñor Jonas Abib
Fundador de la Comunidad Canción Nueva
Homilía en la Santa Misa de Clausura del Campamento de Sanación y Liberación (2014)

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