Eucarístia, sacramento de sanación

Por la eucaristía somos sanados de nuestras enfermedades

Foto: Bruno Marques/cancionnueva.com.es

Jesús se apareció diversas veces a los apóstoles. De manera repentina, se hacía visible, pero, después, se tornaba invisible, para mostrar que estaba ahí con ellos. No conseguían verlo, pues sus sentidos no tenían la capacidad de captar un cuerpo resucitado.

No se trataba de un espíritu, era el cuerpo de Jesús, tan así que tenía las señales de sus llagas. Jesús les mostró las manos y los pies con sus llagas, y hasta comió con ellos para que percibieran que era Él mismo y no “un espíritu”, como intentó explicar:

“Miren mis manos y mis pies. Soy yo mismo. Tóquenme y vean: un espíritu no tiene carne ni huesos, como ustedes ven que yo tengo”. (Lc 24, 39)

Es con ese cuerpo que Jesús está en la Eucaristía. Es Jesús por entero: un cuerpo que tiene carne, sangre y huesos; más aún, un cuerpo humano de alguien que siente, ama y perdona.

Jesús quiso concretizar su presencia en la Hostia, sobre la forma de pan y vino, para que comprendiéramos que, al recibir la Eucaristía, estamos recibiendo su cuerpo, que es presencia, remedio, sanación, alimento y fuerza para nosotros.

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Tu hermano,
Monseñor Jonas Abib
Fundador de la Comunidad Canción Nueva

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