La adoración nos libera de las secuelas del mal

Lea Josué 24, 14ss. Fue Josué y no Moisés quien introdujo el pueblo a la Tierra Prometida. Aquella tierra era poblada por un pueblo que practicaba todo tipo de idolatría, tenía muchos dioses, amuletos, cultos, practicas y sacrificios paganos. Josué reunió todo el pueblo para tener la seguridad de que después que muera, este no más se mezclaría con los paganos de aquel lugar.

Josué dijo a aquel pueblo para que sea enteramente del Señor su Dios. “Escoja hoy a quién debe servir”. Era momento de decisión, y el fiel compañero de misión de Moisés no quería que el pueblo eligiera las prácticas de la idolatría. Les daba la posibilidad de elegir, ya no podían más quedarse divididos. “Yo y mi casa, mi familia serviremos al Señor”. Con esas palabras no solamente les dejó elegir, sino declaró que él y su familia servirían al Señor.

Talvez no estés entendiendo bien todavía y tenga cuestiones, no soy yo, sino es Dios quien quiere que tomes decisión. Puede ser que mucho de nosotros también haya practicado obras de las tinieblas. La Palabra de Dios nos dice que esas son obras infructíferas. Hoy el Señor está dándonos esta orden: “no seas cómplices de las obras infructíferas de las tinieblas, al contrario, condénalas abiertamente”.

Falta decir y seguir a la verdad: “conocerán las verdad y la verdad les conocerá” Y San Pedro dice: “sólo en Jesús hay salvación”. Hace falta que declares eso.

En la oración y en la adoración al Santísimo Sacramento uno encuentra la cura, inclusive de las secuelas de esas prácticas de la obras de las tinieblas. Yo estoy declarando: necesitas buscar tu la liberación de esas secuelas y para eso necesitas adorar. En el sagrario está Jesús, en la Hostia consagrada. Allí Él continúa con la misma actitud del calvario, colocando su Sangre a disposición. Cuando estés delante de Jesús en el sagrario, aunque no tengas palabras, Él te lo curará.

Tu hermano
Mons. Jonas Abib
Fundador de la Comunidad Canción Nueva

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