Nuestra confianza en Dios puede cambiar la historia

El Antiguo Testamento nos habla de la fe de Abrahán. Abrahán estaba ansioso y creía que Dios le daría aquella tierra, pero sabía que no tendría hijos, pues Sarah, su esposa, era estéril. Y él se desahogaba con el Señor, cuestionándolo qué recibiría como herencia si no podía tener hijos (Gen 15,2). Dios, sin embargo, le dijo con clareza que su heredero será uno de sus descendientes (Gen 15,4). El Señor lo llevó fuera de la casa y le dijo: “Mira hacia el cielo y, si puedes, cuenta las estrellas”. Y añadió: “Así será tu descendencia” (Gen 15,5). Abrahán tuvo fe en el Señor y creyó en Él.

Abrahán creyó en Dios, aunque todos decían lo contrario. El Altísimo justificó su actitud de confianza. Abrahán, así mismo preguntó al Señor, cómo iría saber se heredaría esa tierra (Gen 15,8). El Todopoderoso, entonces, le manda agarrar varios animales, entre estos, dos aves. Abrahán corta los animales en el medio, los coloca en fila y, durante todo el día, espera por el Señor.

Puede parecerte extraña esta actitud, pero era la forma de hacer alianza. Cuando dos hombres hacían una alianza, el sacrificio de los animales siempre tenían una función, es decir, quería decir que estaban haciendo un trato y que sucedería con ellos lo mismo que sucedió con los animales, caso no cumpliera el trato. Con eso eran fieles a los compromisos. Pero, ahora el trato era con Dios y la iniciativa fue tomada por Él. Así, Abrahán espera por el Señor todo el día. Esa espera era más una señal de que esperaría mucho tiempo para tener una gran generación como descendencia. Esa espera fue de, más o menos, 500 años, para que su descendencia poseyera aquella tierra.

Cuando ya estaba oscureciendo, Abrahán tuvo sueño, que en realidad, era la aproximación del Señor. Este hombre de Dios fue tomado por un gran terror, pues la presencia del Creador le dejó una sensación diferente en su interior. Apareció un brasero humeante y una mecha de fuego que pasaron entre los animales divididos. Allí estaba una señal de alianza del Dios Omnipotente, y también de Abrahán que pasaba en medio de los animales. Allí se realizaba la alianza entre Dios y Abrahán: “Yo he dado esta tierra a tu descendencia, desde el Torrente de Egipto hasta el Gran Río, el río Éufrates (Gen 15,18).

Para nosotros lo difícil es esperar. Dios es el Todopoderoso y cumple sus promesas, pero el tiempo está en Sus manos, por eso necesitamos aprender a esperar. Talvez estés esperando grandes gracias y milagros, estés angustiado, desesperado… Hace falta aprender a esperar, a aguardar por la hora de Dios, el Señor saber cuál es la hora.

Muchas de nuestras situaciones el Señor quiere resolver, pero no depende solamente del Señor, sino también de nosotros. Como por ejemplo, la situación en un casamiento no depende sólo de uno, sino también de los cónyuges. El Padre da la gracia, pero nos cabe a nosotros aceptarla o no. Por eso, las cosas demoran. La palabra de hoy nos trae una gran lección: Dios también hizo una alianza contigo y con los tuyos. El Señor es fiel. Va a cumplir sus promesas y nosotros necesitamos permanecer fieles y aprender a esperar.

Pidamos la intercesión de San Pedro y San Pablo para que podamos ser fieles a Dios hasta el fin.

Tu hermano
Mons. Jonás Abib
Fundador de la Comunidad Canción Nueva

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