Que nada desvíe nuestro corazón del Señor

Nuestra actitud principal como hijos de Dios tiene que ser la de confianza y la de fidelidad a Dios. El Señor no se deja vencer en fidelidad, aunque nosotros seamos infieles, Dios es fiel. Que nada desvíe nuestro corazón del Señor.

“¡Mirad, hermanos!, que no haya en ninguno de vosotros un corazón maleado por la incredulidad que le haga apostatar de Dios vivo; antes bien, exhortaos mutuamente cada día mientras dure este hoy, para que ninguno de vosotros se endurezca seducido por el pecado.
Pues hemos venido a ser partícipes de Cristo, a condición de que mantengamos firme hasta el fin la segura confianza del principio” (Hb 3, 12-14).

Cuando realmente confiamos en Dios, Él realiza en nosotros y a través de nosotros obras prodigiosas. Ahora, en este exacto momento, el Señor está llamándonos nuevamente y pidiéndonos que nos rindamos a su infinita misericordia, que se derrama copiosamente por nosotros.

Este es el apelo del corazón de Jesús, que continua latiendo, sin cansar, en la puerta de nuestro corazón hasta que lo abramos. El Señor espera nuestra decisión.

Mucho de nosotros tenemos coraje para hacer tantas cosas a fin de progresar en la vida; entonces, por qué no abrir la puerta del corazón y entregar las riendas de nuestra vida en las manos de un Dios que es apasionado por nosotros. Ese es el desafío al cual estamos siendo llamados hoy. Abrámonos al amor de Dios.

Jesús, confío en ti,

Luzia Santiago
Comunidad Canción Nueva

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