Las autoridades chinas consienten celebración de la Santa Misa durante los JJOO

Fuente: Radio Vaticano (RV)

Viernes, 08 de agosto de 2008

 

Del 8 al 24 de agosto se celebran los Juegos Olímpicos en Pekín. En ocasión de este importante evento, las autoridades chinas han consentido la celebración de la Santa Misa, por parte de sacerdote extranjeros, en dos iglesias de la capital. La liturgia tendrá lugar cada domingo, en la catedral de Dongtan, en el centro de Pekín, y en la de Bei Tan.

 

Con tal ocasión, hoy recordamos la carta que el Papa Benedicto XVI envió a los católicos en China, firmada el 27 de mayo de 2007, solemnidad de Pentecostés. El objetivo de la misma fue expresar la cercanía del Pontífice a los católicos del país, y ofrecer algunas orientaciones sobre la vida de la Iglesia y la obra de evangelización en China, para ayudar a descubrir lo que el Señor y Maestro, Jesucristo, “la clave, el centro y el fin de toda la historia humana”, quiere de cada cristiano.

 

La carta del Santo Padre daba inicio con un análisis de la situación actual del país, para después enfatizar sobre la importancia de la necesidad de un diálogo respetuoso y constructivo. Al respecto el Papa evocaba su Encíclica “Deus caritas est”, por la que señalaba que “la Iglesia no puede ni debe emprender por cuenta propia la empresa política de realizar la sociedad más justa posible. No puede ni debe sustituir al Estado. Pero tampoco puede ni debe quedarse al margen en la lucha por la justicia. Debe insertarse en ella a través de la argumentación racional y debe despertar las fuerzas espirituales, sin las cuales la justicia, que siempre exige también renuncias, no puede afirmarse ni prosperar. La sociedad justa no puede ser obra de la Iglesia, sino de la política. No obstante, le interesa sobremanera trabajar por la justicia esforzándose por abrir la inteligencia y la voluntad a las exigencias del bien”.


A la luz de estos principios irrenunciables, no puede buscarse la solución de los problemas existentes a través de un conflicto permanente con las Autoridades civiles legítimas; al mismo tiempo, sin embargo, no es aceptable una docilidad a las mismas cuando interfieran indebidamente en materias que conciernen a la fe y la disciplina de la Iglesia. Las Autoridades civiles son muy conscientes de que la Iglesia, en su enseñanza, invita a los fieles a ser buenos ciudadanos, colaboradores respetuosos y activos del bien común en su País, pero también está claro que ella pide al Estado que garantice a los mismos ciudadanos católicos el pleno ejercicio de su fe, en el respeto de una auténtica libertad religiosa. Con esta energía Benedicto XVI expresó su cercanía por la situación que atraviesan los católicos del país.

 

El siguiente argumento tratado fue la comunión entre las Iglesias particulares en la Iglesia universal, porque en la Iglesia católica en China se hace presente la Iglesia universal, la Iglesia de Cristo, que en el Credo confesamos una, santa, católica y apostólica, es decir, la comunidad universal de los discípulos del Señor. Asimismo el Papa enumeró las tensiones y divisiones dentro de la Iglesia, llamando al perdón y a la reconciliación, e invitando a vivir en la verdad y en la caridad las relaciones con las comunidades eclesiales y con los organismos estatales.


Por su parte al Episcopado Chino, el Papa instaba a seguir trabajando en el anuncio del Evangelio, pasando después a dar algunas orientaciones de vida pastoral. En este sentido, considerando en primer lugar algunas transformaciones positivas de la situación de la Iglesia en China; en segundo lugar las mayores oportunidades y facilidades en las comunicaciones y, por último, las peticiones que varios Obispos y sacerdotes han dirigido al Papa, con esta Carta Benedicto XVI revocaba todas las facultades que fueron concedidas para afrontar exigencias pastorales particulares, surgidas en tiempos realmente difíciles. Por último el Papa invitó a todo el mundo a unirse a la fiesta de oración por la Iglesia en China, que cada año se conmemora el 24 de mayo.

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