Jesús nos toca con los sacramentos

Cuando Dios quiso salvarnos, Él quiso salvarnos por la humanidad de Jesús.

Vamos a reflexionar sobre la sanación que Jesús nos quiere dar, en especial la sanación espiritual por el perdón de los pecados.  ¿Por qué muchas veces comulgamos o nos confesamos y parece que nada cambia? ¿Si de verdad es Jesús, por qué recibimos los sacramentos y parece que no cambia nada? Necesitamos entender una cosa: Dios actúa en nuestra vida, Él esta presente como un Dios vivo.

Dios elige un instrumento para tocar nuestra vida, pero cuando Él toca no es la Trinidad quien toca directamente, sino que Él nos toca a través de la humanidad de Cristo. Él habita en una luz inaccesible, allá en el cielo,  pero quiso venir a este mundo y se hizo hombre en el vientre de la Virgen María, Dios creó para Él un cuerpo y un alma igual a la suya. Jesús es hombre como nosotros y es la humanidad de Cristo la que nos toca y obra en nosotros. Cuando Dios quiso salvarnos, Él quiso salvarnos por la humanidad de Jesús.

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Cuando Jesús hombre murió en la cruz, se dio nuestra salvación, cuando muere su humanidad y no su divinidad, estamos salvados, pero si no recibes esta salvación en tu vida no sirve de nada. ¿Cómo hizo Cristo para distribuir esta salvación para nosotros? A través de siete instrumentos Cristo distribuyó la salvación, son los siete sacramentos que brotaron de su costado abierto. Cuando el soldado traspasó el costado de Cristo brotó sangre y agua, que son los signos de los sacramentos. El primero es el agua, signo del bautismo, y la sangre es el mayor de los sacramentos, la Eucaristía. Es como si Jesús tuviera una carpintería y necesitara usar instrumentos para modelar la madera de nuestro corazón.

Si no recibes los siete sacramentos difícilmente vayas a recibir el toque de la humanidad de Cristo. El bautismo es el toque de la gracia permanente de Cristo, Él nos toca con su agua viva. Solo dos sacramentos recibimos con más frecuencia, la comunión y la confesión, los demás solo una vez, a no ser la unción de los enfermos en caso de una enfermedad grave y el matrimonio en caso de viudez.

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Vamos a hablar de la confesión, lo que sucede con frecuencia en nuestra vida es que nos confesamos y no vemos ninguna transformación. Si te vas a confesar y tiene el mínimo arrepentimiento, estás perdonado de tus pecados, pero eso no quiere decir que recuperas toda la gracia que perdiste. Cuando pecas pierdes talentos y si tu arrepentimiento es miserables vas a recuperar pocos talentos, ahí nuestro camino para Dios se vuelve como una piedra que se tira sobre un auto, el auto primero desacelera hasta que la piedra comienza a caer, y eso pasa con las personas que se confiesan sin un verdadero acto de fe fervorosa, te confiesas pero quedas cada vez peor, y en poco tiempo te vuelves un pagano que está dentro de la Iglesia pero no tienes vida verdadera, el Espíritu Santo no está obrando porque no dejas que Cristo te toque verdaderamente.

En el pasaje del evangelio en que Jesús está en medio de la multitud y Él siente que alguien lo toco, Él siente el toque porque fue un toque de Amor, con las demás personas no sucedía nada pues lo tocaban sin fervor, sin esperanzas, para ellos Jesús era una curiosidad, un león de circo, estaba ahí para un espectáculo. ¿Viniste al PHN para ver al león del circo? Pues entiende que has venido a ver al León de Judá que quiere tocarte y cambiar tu vida hoy.  Si viniste a pasear porque tus amigos también vinieron, si viniste para vender droga o para conseguir una novia, sabe que te caíste del caballo pues Jesús te va a tomar. Queda hecha la invitación para ti que estas en pecado, no vayas caminando hacia el confesionario sino ve corriendo porque necesitas que Cristo Resucitado te toque. Necesitas tocar a Cristo con la fe de aquella mujer hemorroísa.

Una comunión hecha con la fe de aquella mujer es capaz de cambiar tu vida mucho más que si comulgas todos los días sin fervor, sin fe y sin abertura de corazón. Deja que Cristo te toque.

Es importante saber de que forma te confiesas, necesitas un verdadero arrepentimiento,  pero cuidado, arrepentimiento no quiere decir sentimiento. La confesión es un tribunal y lo que tienes que hacer es acusarte, no vas a explicarle al sacerdote lo que sientes. A veces la persona va a la confesión como un acto de vanidad: “cómo yo, siendo tan maravilloso pude haber hecho eso”. No, te vas al confesionario para decir que detestas tu pecado.

Eres el preso que va a entregarse, y el sacerdote ahí sentado es el juez, pero no es el sacerdote, es el propio Cristo Resucitado, y cuando levanta la mano para absolverte es la mano llagada de Cristo Resucitado que te toca. Para que la confesión de frutos necesitas ser el acusador, puede que no sientas nada, pero necesitas tener una actitud de fe, haces tu lista, confiesas tus pecados y haces el firme propósito de no pencar más. Discúlpame, no es intentar. Es como una mujer que llega y le dice a su marido: mi amor me voy a esforzar para no engañarte nunca más.

El PHN es el proyecto de no pecar nunca más, solo que cada día. Cuando pecas ofendes a Dios porque te haces mal a ti mismo.

El sacramento de la Comunión es Cristo Resucitado, que se da como un alimento espiritual. El problema es que la multitud de personas entra en la fila de la comunión con indiferencia.

Si amas a Jesús de verdad vas a sentir una fuerza espiritual. Sientes la fuerza de la comunión cuando vas a amar a Jesús en tu hermano, cuando tienes dificultades de perdonar, amar a Jesús en el pobre, en el necesitado. Si estas en pecado mortal no comulgues.

Cuando comulgas y te confiesas y no sucede nada, es porque lo estas haciendo sin fe. La gracia es dada conforme a la disposición y a la cooperación de quien la recibe. Deja de arrastrarte como una serpiente, fuiste creado para volar como un águila, pero para eso necesitas del toque de la humanidad de Cristo.

Amor no es sentimiento, es eterno, es una alianza de sangre que dice que no desisto de ti. No desistas de ti, fuiste creado para amar y no para ser egoísta; fuiste creado para dar la vida y no para usar a los demás y tirarlos a la basura; fuiste creado para volar como un astro luminoso, como los santos, porque esta la voluntad de nuestro Padre del cielo. Dios hace locuras por nosotros, murió en la cruz por nosotros, Él quiere que vayamos al cielo.

Si tienes sufrimientos, llagas, pídele a Dios que transforme por medio del Espíritu Santo las llagas de dolor en llagas gloriosas de amor. El Espíritu Santo transforma el dolor en amor. Carga con tu cruz hasta Cristo y deja que Él toque tus llagas.           

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Padre Paulo Ricardo

Sacerdote de la Arquidiócesis de Cuiabá-MT

Prédica durante el Campamento PHN 2015

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