La sinceridad nos lleva a la verdadera felicidad

13/02/2018

“La felicidad que el cristiano experimenta, no tiene fin”

En esta liturgia, a partir de las lecturas, el Señor nos llama, provoca y nos exhorta a que veamos nuestra vida y la vivamos con sinceridad.

La raiz de la palabra sinceridad, tiene etimologia italiana, y viene de la palabra “senza cera”, que habla sobre los artesanos, que al hacer una obra de arte, no tenían defectos, o sea, no necesitaban usar cera (sin cera) para cubrir las imperfecciones, podemos decir: que no necesitamos máscaras.

Foto: João Otávio/ cancionnueva.com.es

Foto: João Otávio/ cancionnueva.com.es

El fermento de los fariseos

El fermento malo de los fariseos es la hipocrecia. Es decir, cuando se invoca al Señor con los labios pero no con el corazón, es una división interna, cuando se dice una cosa y se hace otra. Es una “esquizofrenia espiritual”

Las cosas deben ser hechas y no solo dichas. La hipocresia piensa que hablando está realizando, nunca ve un defecto en si mismo, sino que siempre acusa a los otros.

Nosotros, que buscamos al Señor, tenemos que hacer la experiencia de mirar nuestro interior y hacer un autoanálisis, ver que es lo que necesitamos trabajar. Dejar que el Espíritu Santo nos toque, nos lleve al arrepentimiento, y permitamos que la Palabra de Dios transforme nuestro caracter, nuestro comportamiento, forma de vivir y convivir con Dios, para que El vea en nosotros la sinceridad.

Buscar la sabiduria

Cuando buscamos al Señor, dejamos que El trabaje en nosotros y necesitamos llegar a un punto en que El nos mire, pare y diga: “no hay cera”.

La sabiduria que nos lleva a andar en este camino es, en primer lugar: la de reconocer quien soy, reconocer mi debilidad, y en segundo: la de reconocer la capacidad de acción de gracias y de alabanza. En tercer lugar: la palabra de edificación, de bendición, de nuestro testimonio que toca el corazón de las personas y finalmente, el sabio que edifica al prójimo. El principio de la sabiduria es el principio de la edificación.

El camino de la sabiduria es el camino de la sinceridad. La sinceridad nos coloca frente a Dios y permite que el Espíritu Santo nos traiga la lucidez de quien somos. Ese es el verdadero camino de la felicidad.

La felicidad de estar con Jesús no acaba nunca, pues escogemos con sabiduria, permaneceremos a su lado. Y aún en los dias de gran tribulación, la verdadera alegria no nos abandona.

Entonces, tenemos que ser personas sin ceras, sin hipocresias, porque experimentamos la alegria que no acaba, la que viene de lo alto.

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Padre Roger Luis
Comunidad Canción Nueva
Predica en el retiro espiritual – Carnaval 2018

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