Carnaval: Mi lugar es el cielo

El tema de este Retiro de Carnaval es “Para que vuestra alegría sea completa” (Jn 16,24). Esta palabra está en un contexto y yo lo traigo para nuestra realidad de hoy.

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En el capitulo 13 del Evangelio de Juan, Jesús lava los pies de los discípulos y dice que será traicionado. Luego, hace una oración por Sus discípulos. Poco después, ya en el capítulo 15, entra la parábola de la vid y de los ramos, de donde salió el tema de este encuentro. Y Jesús nos enseña:

Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador. El corta todos mis sarmientos que no dan fruto; al que da fruto, lo poda para que dé más todavía. Ustedes ya están limpios por la palabra que yo les anuncié. Permanezcan en mí, como yo permanezco en ustedes. Así como el sarmiento no puede dar fruto si no permanece en la vid, tampoco ustedes, si no permanecen en mí” (Jn 15, 1-4).

Mi lugar es el cielo 1

Las profecías del Señor se cumplieron desde el Antiguo Testamento. Isaías dijo todo que sucedería con Cristo, y ocurrió. Pero aún faltaba la promesa de la alegría completa.

San Pablo, en la Carta a los Romanos, dijo que el fruto que tenemos de dar a Dios para cosechar esta alegría completa es la santidad. San Pablo tuvo su vida centralizada en dos ambiciones: ¡permanecer en Dios y llegar al cielo!

En Filipenses 3:12, Pablo dice: “Esto no quiere decir que haya alcanzado la meta ni logrado la perfección, pero sigo mi carrera con la esperanza de alcanzarla, habiendo sido yo mismo alcanzado por Cristo Jesús”. El apóstol era determinado, y ese es el gran secreto para llegar al cielo.

Pablo también dijo en su carta a los Coríntios: “Nosotros anunciamos, como dice la Escritura, lo que nadie vio ni oyó y ni siquiera pudo pensar, aquello que Dios preparó para los que lo aman” (1 corintios 64,4).

El fruto de la santidad solo vamos alcanzar en la perseverancia. No podemos nadar, nadar y morir en la playa.

Somos sensibles a a muerte, a la enfermedad y a la dificultad, pero, aún en medio al dolor y la dificultad podemos tener el corazón entero en Dios y así dar frutos.

No voy mentir para ti. Sé que no es fácil ser de Dios, sé que luchar contra la corriente es difícil, pero tenemos un Dios que nos dice: “¡Coraje!” Yo estoy contigo”. Y Él también nos habla. “Mi yugo es suave y mi fardo es suave”.

Perdemos personas que amamos, y si tenemos fe madura, abandonamos a Dios y nos rebelamos contra la Iglesia. Aún en medio del dolor, mira a Jesús crucificado y di “¡Señor, dame fuerzas!” Yo no voy a abandonarte”.

La alabanza en la alegría es buena, pero la alabanza en el dolor es aún más agradable al Señor. Ofrece a Dios tu dolor y, junto con él, tu perseverancia. Es por el fruto que se reconoce al árbol. Jesús dice: “¿Puede un árbol malo dar frutos buenos?

La aprobación es para mostrar a nosotros mismos quienes somos delante de Él. Y es en el día a día que vamos a presentar nuestros frutos para Dios. Necesitamos luchar por el cielo. Lo importante no es como la persona muere, y sí como ella vive.

No fuimos hechos para vivir sin los frutos de la santidad. Decídete a buscar el cielo en el ordinario de tu vida.

No tengas miedo de plantar el cielo en tu familia, porque es lo que cosecharás.

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Traducción y Adaptación: Thaís Rufino de Azevedo

Tiba – Misionero de la Comunidad Canción Nueva
Predica del Retiro de Carnaval 2015

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