Los desafíos de la vocación

18/08/2015

Los desafíos de la vocación

No recuerdo ningún momento de mi vida en que no quisiese ser padre. La historia siempre tuvo hombres y mujeres que tuvieron el coraje de anunciar la salvación. En mi, siendo aún jóven, también nacía ese coraje.

Pero como sucedía con los profetas, fue necesario enfrentar todos los tipos de dolor y de sufrimiento por la misión. Y cada quien debe seguir el impulso de su vocación, por más dura y compleja que ella sea. Así sucedió conmigo.

Por mi vocación tuve que dejar mi casa. Cuando mi papá me llevó, a los doce años, para el Seminario Salesiano, vi en sus ojos el alegre consentimiento para que yo viviese mi vocación; al mismo tiempo, la triste y nostálgica sombra que se acercaba. Mi papá, hombre simple y profundamente trabajador, hombre digno, un ejemplo de lucha y de dedicación, estaba ahí aprobando mi decisión de entregar la vida a esta linda causa de ser sacerdote del Señor.

FamiliaPeJonas

En aquel seminario, vi a mi papá comulgar. Estuve atento a su expresión de fe, en la cola de la Comunión, parecía un gesto de asentimiento a mi vocación sacerdotal. Su hijo entonces comenzaba a construir su propia historia. El me había bendecido y emocionado con su comunión.

Mis ojos se llenan de lágrimas cuando recuerdo el esfuerzo y el apoyo de mi papá para que me vuelva sacerdote. Los billetes de dinero cubiertos de polvo de cemento, ahorrados por mi papá para que yo pudiese comprar el caliz de ordenación, fue un símbolo.

Yo vi en aquel gesto todo su trabajo como obrero, durante tanto tiempo. Todo resumido en ese montón de dinero, envuelto en papel de saco de cemento. Cuando compré el caliz, no lo dudé, mandé gravar la siguiente inscripción: Jonas, queremos estar presentes en todas sus Misas. Y el nombre de mis padres: Sérgio y Josefa. Fui formado por el cariño y honradez de mi papá. No tuvo ningún destaque social, pero realizó su misión.

Las vocaciones son diferentes: unos salen para seguir el llamado de Dios, otros se quedan para realizar la misión que El les confió. Mi vocación fue salir de casa para enfrentar el seminario y hoy ser padre. Pero si tu vocación es estar en casa como padre o como madre de familia, necesitas realizarla y bien.

La vida no está hecha por momentos leves, hay momentos pesados, dolorosos, y del dolor se puede extraer lecciones que acaban fortaleciendo más nuestra fe. Agradezco por lo que Dios hizo a partir de mi “si”. Se fiel a lo que te pide, porque es seguro que El lo será.

Monseñor Jonas Abib
Fundador de la Comunidad Canción Nueva

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