Dia de todos los Santos y de todos los fieles difuntos

La fe cristiana no se basa en garantías racionales para  cultivar su esperanza en la vida eterna

Cuando el primero de noviembre cae domingo, el calendario litúrgico celebra junto con el día de todos los santos, el día de los difuntos.

Santos y difuntos hacen parte del cuadro de referencias que componen una cosmovisión que procura integrar los diversos aspectos de la realidad y de la vida humana, en un intento por armonizar todas las cosas en un universo que tenga sentido. Es lo que todas las religiones intentan hacer: buscar el sentido último de todas las cosas.

Independientemente del mérito objetivo de estas dos celebraciones, ellas hacen parte de la visión de conjunto que la fe cristiana presenta y que se explicita a lo largo de cada año por las celebraciones tradicionales que componen el calendario litúrgico de la Iglesia.

Foto: Wesley Almeida / cancionnueva.com.es

 

La cuestión de fondo, en ambas, es la esperanza en la vida más allá de la muerte, interrogación que acompaña fatalmente nuestra condición humana de seres mortales, pero capaces de preguntarse por el sentido de su existencia.

A este respecto, todos tienen el derecho de expresar sus convicciones y de formular también sus proyecciones, superando los límites de nuestra comprensión humana. Aún sin desconsiderar los datos que la fe ofrece, es legítimo el esfuerzo de encontrar soporte racional para la esperanza de una vida futura. Pues en realidad, el hecho de que seamos capaces de interrogarnos sobre la eternidad, ya es señal de que somos hechos para la misma.

=> Dios nos ha dado el cielo como anticipo de la eternidad (Homilía del Papa Francisco)

Pero es interesante observar que la fe cristiana no se basa en garantías racionales para cultivar su esperanza en la vida eterna. Ella parte de otro principio, ella  fundamenta su esperanza en la forma como Dios se reveló. Asi, la vida eterna es una deducción, una consecuencia, un corolario, una derivación de como Dios manifestó el misterio de su propia existencia.

En el tiempo de Jesús habian dos grupos que se oponían frentalmente al respecto de la resurrección. Los fariseos afirmaban con convicción que existía, los saduceos despreciaban esta fe y se declaraban abiertamente contrarios a la resurrección. Fue al respecto de ellos que Jesús necesitó tomar una posición, con la sorprendente respuesta dada a los que se burlaban de la vida  futura. Jesus no se posicionó directamente a favor de la resurrección. Jesús encuentra el fundamento de la resurrección en las palabras dichas por Dios a Moisés: “Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac, de Jacob”. De ahi, el saca la sorprendente conclusión que sirve como fundamento para la fe cristiana: Dios no es un dios de muertos sino un Dios de vivos.

Para los cristianos, la vida eterna no es entendida como consecuencia de una supuesta inmortalidad de nuestra alma. Esto puede servir de soporte, pero no radica ahi la razón de nuestra esperanza, como San Pedro siempre nos aconseja. Nuestra fe en la resurrección es mucho más consistente que un simple raciocinio filosófico.

Colocados los fundamentos de la fe, es claro que la razón puede percibir en ellos la coherencia interna que la teología procura encontrar como fides quaerens intellectum”, como dice  San Anselmo.

Si ya el Antiguo Testamrnto ofrecía una base sólida para la fe en la resurrección, mucho más el nuevo Testamento que se construye todo en torno a la fe en la Resurrección de Jesús. Después de citar los hechos que sirven de fundamento para el Evangelio, escribiendo a los corintios, San Pablo queda con la conclusión definitiva: Si se predica que Jesús resucitó de entre los muertos, ¡¿cómo algunos pueden decir que no hay resurrección?! La fe en la resurrección de Cristo, y en consecuencia, de nuestra resurrección, es el núcleo aglutinador que armoniza todo el conjunto de la vida humana, con sus certezas presentes y con su esperanza en el futuro.

Celebrando el día de todos los santos y de los difuntos, rendimos homenaje al Dios de los vivos, pues para El todos viven.

Monseñor Luiz Demétrio Valentine
OBispo Diocesano de Jales (SP)

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