El sufrimiento reparador

Vamos a hacer de nuestros dolores un trampolín

Los mensajes de Nuestro Señor Jesucristo son muy bellos, nos llevan a reflexionar, y con ellos podemos cambiar y mejorar nuestra vida. Muchas veces, nos lamentamos por nuestros sufrimientos, cuando deberíamos enfrentarlos con coraje y paciencia en la esperanza de días mejores. El pobre de la parábola contaba en el evangelio de San Lucas 16, 91-31 que sufría, pero se alegraba con las migajas que caían de la mesa del rico. Por lo tanto, al morir, “fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán“.

Su mérito no fue ser pobre, sino enfrentar su vida de sufrimientos con gallardía y paciencia, sin revelarse.

A nadie le gusta el sufrimiento, pero nos llega a todos. Jesucristo sudó sangre cuando pensó en el sufrimiento que le esperaba, pero lo enfrentó con coraje, paciencia y amor. La resurrección del Señor es una prueba de que el sufrimiento, aquí en la tierra es pasajero y lo que realmente importa es la apertura de nuestro corazón a Dios y sus propósitos para nosotros y para nuestros hermanos, para que podamos darles la mano y juntos, vencer los dolores, los sufrimientos y los obstáculos que surgen en nuestra vida y en la vida de los demás.

El dolor lava nuestra alma del pecado, como la joya que cada vez que es pulida queda más hermosa y libre de las impurezas. Conocemos varios ejemplos, en la vida de los santos de Dios y hasta en nuestra vida, de que el sufrimiento nos ennoblece, nos hace más fuerte, firme y firmes “como el credo del Líbano“.

Cristo nos confirma que hacer con nuestras dificultades un muro de lamentos no mejora nuestra situación y tampoco nos muestra caminos mejores. Debemos enfrentar nuestros dolores como si fuera un trampolín para un amor mayor; abrazar nuestra cruz con cariño y energía puede traer días más felices y la esperanza de nuestra resurrección con Cristo Jesús.

Padre Wagner Augusto Portugal

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