¿Halloween, una fiesta inofensiva?

¿El cristiano puede participar de ella o es solo una práctica cultural inofensiva?

El Halloween es una fiesta celebrada en el día 31 de octubre, la víspera del Día de todos los Santos. Ella es realizada en gran parte en los países occidentales, siendo más fuerte en los Estados Unidos, a donde fue llevada por inmigrantes irlandeses en mediados del siglo XIX. En la valorización de la cultura americana, especialmente en las escuelas de lengua inglesa y en las películas de Hollywood, esta fiesta se ha extendido por el mundo.

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La práctica del Halloween viene del pueblo celta, que creían que, en el ultimo día del verano (31 de octubre), los espíritus salían de los cementerios para tomar posesión de los cuerpos de los vivos, visitar las familias y llevar las personas al mundo de los muertos. Sacerdotes druístas (religión celta) actuaban como si estuvieran invocando a los muertos. Parece que para espantar estos fantasmas, los celtas tenían la costumbre de poner objetos para asustar en las casas, como calavera, huesos decorados, calabazas decoradas, entre otros. El término “Halloween” surge más tarde, en el contacto de la cultura celta con el Cristianismo. La contracción del término escocés “Allhallow-eve” (víspera del Día de Todos los Santos), que era la noche de las brujas, surge la palabra “Halloween”.

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Aquí surge la duda: ¿hoy, esta fiesta tiene algún significado espiritual? ¿El cristiano puede participar de ella o es solo una práctica cultural inofensiva?

San Pablo dice: “Porque nuestra lucha, no es contra enemigos de carne y sangre, sino contra los Principados y Potestades, contra los Soberanos de este mundo de tinieblas, contra los espíritus del mal que habitan en el espacio”(Ef 6,12). El apóstol también exhorta: “Sean sobrios y estén vigilantes, porque su enemigo, el diablo, ronda como león rugiente buscando a quién devorar” (1Pe 5,8). A pesar de que no veamos, los espíritus malignos son seres inteligentes que actúan intentando perder las almas. No los vemos, pero sufrimos sus ataques. Eso es Doctrina de la Iglesia Católica.

Será que una fiesta pagana, que practicaba un acto abominable por Dios – cuando llamaban a los muertos (Dt 18,10-11) -, hoy inculturada no tiene significado espiritual ninguno? ¡Es difícil que no lo tenga! ¿Pero dónde esta el maligno en este juego de niños? Nosotros no lo vemos, así como no vemos el virus ebola, que hoy enloquece al mundo. ¿Harías una fiesta en una región que puede estar contaminada con este virus? ¿Una enfermedad que puede robar tu vida temporal? ¡Yo no! Del mismo modo, y con más razón, es cuestionable involucrarse en una fiesta que pueda dejarnos un “virus” que puede robar nuestra vida eterna. En caso de duda, yo me protejo. Bueno, esta es una reflexión para quien tiene fe católica y busca ser coherente con ella.

Otra pregunta que me hago es si el contacto y la identificación con imágenes horribles de brujas y monstruos no tiene ningún significado en la formación de los jóvenes. Desconsiderando la expresión de un satanismo evidente, y yendo hacia una reflexión más cultural, tampoco creo que el Halloween sea tan inofensivo.

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El ser humano es llamado a contemplar lo bello, porque es la manifestación de la armonía de todo que es bueno y verdadero. Dios es bello, pero el ser humano tiene una extraña atracción por lo mórbido, el ocultismo y sus expresiones en lo que tiene de horrible. No hay duda que educar a una persona humana significa, entre tantas otras cosas, enseñarle a disfrutar, valorizar e identificar lo bello con lo bueno. ¿No sería el halloween  una forma, entre tantas otras hoy en día, de robar la referencia de lo bello, verdadero, bueno y honesto? ¿Será que el mal y lo monstruoso, cuando se convierten en broma, son tan inofensivos para la cultura y los valores del ser humano?

Incluso los “dulces o travesuras” no tienen un origen muy puro. Al parecer, surgió en la época en que los países anglo-saxônicos se convirtieron protestantes, y las niñas protestantes fueron a las casas de las familias católicas, oprimidas por el gobierno, para imponer sus exigencias. En un mundo donde los jóvenes diariamente disfrutan  el mórbido de las calaveras y de los zombis, los monstruos y  las brujas, en sus  ropas, películas y fiestas, es fácil entender una sociedad tan pobre en cultura y tan abundante en violencia y promiscuidad. Si la expresión del mal es un juego de moda, ¿qué daño seria convertirlo en cosa seria?

Volviendo al lado de lo religioso, es curioso que el Halloween esté al lado de la fiesta católica de todos los Santos. ¿No parece que alguien, tan incómodo con los santos, decidió celebrar los demonios?

No se trata de supervalorar el mal en detrimento del bien. Menos aún de una visión puritana de las cosas de este mundo. El mundo es maravilloso, la vida es bella. El cristiano necesita saber acoger esa maravilla, valorar la vida del hombre y cultivar la alegría de niño y de jóven. Sin embargo, para sembrar la vida y recibir la alegría es necesario saber: “Todo me está permitido, pero no todo es conveniente. Todo me está permitido, pero no me dejaré dominar por nada” (1Cor 6,12).

Traducción y Adaptación: Thaís Rufino de Azevedo

André Botelho
Comunidad Pantokrator

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