Humildad no significa ser menos

En tiempos de política, puede parecer extraño hablar de modestia.

Vivimos en una sociedad que tiene gran necesidad de escuchar de nuevo el mensaje Evangélico al respecto de la humildad. La carrera para ocupar los primeros lugares, quizás hasta aplastando la cabeza de los demás, la competencia desenfrenada, el arribismo y otras expresiones de desequilibrio, todas originadas en el orgullo, son actitudes, por un lado, despreciadas y por otro, infelizmente, seguidas. El Evangelio tiene fuerza social cuando habla de humildad y modestia: “Después que les lavó los pies, tomó sus vestidos, volvió a la mesa, y les dijo: «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros?.Vosotros me llamáis “el Maestro” y “el Señor”, y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros.”, (Jn13, 12-14) Tal Espíritu de servicio es destinado a fermentar las relaciones sociales con sano realismo y coraje para establecer nuevos parámetros en el relacionamiento humano.

En tiempo de intensa competencia por cargos políticos, puede parecer extraño hablar de humildad, pues la orden del día es mostrar las propias cualidades en detrimento del compartimiento “del otro lado” A los cristianos les cabe el coraje de nadar contra la corriente, proponiendo o experimentando en sí un comportamiento diferente. La palabra “humildad” tiene parentesco con “hombre” y las dos derivan de “humus”, que significa “suelo”, “fecundidad”. Humilde es aquel que está abajo, cerca del suelo y que justamente por eso, se arriesga menos el perder el equilibrio. ¡Tiene los pies firmes en la tierra! ¡Es por lo tanto, “humano” ser humilde! La persona humilde no pretende ser mayor ni menor de lo que realmente es. La fecundidad de su existencia depende de ofrecerse, en espíritu de servicio, para realizar lo que es capaz para el bien de los demás. La modestia hace más bello los dones que fueron concedidos a cada uno. ¡Pero humildad y modestia sólo cambian con el amor de caridad! Quien escogió vivir para amar en la medida del amor de Dios acepta ser el apoyo para los otros con humildad sin humillación.

Para un padre una madre de familia, humildad puede ser escuchar las historias de un hijo, ir al encuentro del otro que hace mil preguntas desconcertantes, o fecundar con una sonrisa al terminar un día. En el trabajo, esta virtud puede significar iniciativa y creatividad. Una persona descubrirá en la capacidad de escucha su camino de humildad. Otra, en el campo desafiador de la policía, podrá disminuir la arrogancia de muchos de los discursos y volverse más realista y más sencillo, abriéndose para la colaboración de los otros, proponiendo con realismo los pasos en vista de un cambio social consistente.

Jesús fue al encuentro de todos. Nosotros lo vemos conversando con los jóvenes y viejos, publicanos y prostitutas, justos y pecadores o invitado a comer en casa de un fariseo ( Cf. Lc14, 1-14 ) Ya en las bienaventuranzas censaban las invitaciones a los pobres, afligidos, mansos de corazón, hambrientos, perseguidos. Al contar los detalles de aquella cena. El evangelista San Lucas abre el horizonte de comprensión del gran banquete escatológico al  que Dios invita a todos los hombres y mujeres.

Es ocasión para dos pequeñas parábolas. A los invitados, Jesús parece enseñar normas de etiqueta social. Pero en la realidad desnuda las intenciones con las cuales allí se encontraban, proponiéndoles a la entrada de una fiesta del Reino de Dios por el camino del servicio, ya que muchos querían entrar con los privilegios de eventuales indicaciones privilegiadas. ¡Al dueño de la fiesta Cristo aclara que un gesto aparentemente magnánimo puede esconder intereses!¡ Da mucho trabajo – la práctica de la virtud! – entender que será feliz quien hace las cosas por absoluta gratitud: ” Serás feliz, porque ellos no te pueden retribuir” ( Lc14, 14 )

Existe entre nosotros mucha competencia y egoísmo, por otro lado, son muchos los testimonios de personas gratuitas en su relacionamiento, gente alegre y feliz que da todo de sí para el bien de los otros. ¡Mirando a nuestro alrededor veremos florecer esta magnífica especie! Son flores de virtud de la humildad, de aquella humildad de las flores, que quitan de la tierra sólo lo que necesitan para ser vivas y bonitas. Como Dios nos quiere.

Mons. Alberto Taveira Correa.

Arzobispo Metropolitano de Belén -Brasil

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