Espiritualidad

La mística del silencio

El silencio es necesario para que podamos entrar en la grandeza inconmensurable del Ser Supremo

Silencio supone maleabilidad y accesibilidad a las influencias de las mociones divinas. Eso es condiciones básica para llegar a la madurez espiritual que debe ser una meta de todo aquel que tiene fe. Un primero paso para involucrarse enteramente en la luz celestial es evitar a la dispersión, enemiga perentorio de la concentración. El susurro impide un dialogo con Dios, pues,“non in comotione Dominus”, el señor no esta en la agitación. Cuando se actúa lejos del tumulto, esta actitud agrada a dios. Los demás pasos se convierten más faciles. Entre el “mundo” y “Dios”, el posicionamiento se convierte claro, radical y definitivo. Mira si el “sí” verdadero de quien quiere estar unido al Padre Celeste.

Foto: Archivo CN

Aprende a hacer silencio

Es necesario aprender a hacer silencio para que sea viable el perfeccionamiento interior y, en consecuencia, la transformación de todos el ser. Es possible la taciturnidad, aún que no sea dentro de un monasterio. Encontrar un espacio para estar solos con Dios es cuestión de opción. Crear un ambiente para la apertura al contacto con el Espíritu Santo significa la disposición implícita de escuchar a Él, ya teniendo, inicialmente, el cristiano se proponiendo a la observancia sincera y perseverante de los mandamientos sagrados del decálogo y se poniendo en una actitud de profunda humildad.

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De esta forma, la posibilidad de la inmersión en el misterio de Dios tres veces santo. De esta forma, las oraciones ganan sentido. La coronilla, por ejemplo, se convierte en una oración vocal y, al mismo tiempo, mental por la contemplación atenta de los grandes episodios bíblicos. La lectura pausada de partes de la Sagrada Escritura pasa a propiciar oportunidad impar para que el Espíritu Santo fije sus directrices, las cuales son entonces acatadas como respuesta instantánea a Su Señor. Ocurre, en este situación, la admirable adaptación de la criatura a su Creador. Aquí el primer fruto del silencio.

Lograr la sabiduría e inteligencia espiritual

Él da oportunidad al cristiano comprender que el estar con Dios no representa alienarse de lo que el rodea en una fuga condenable de las tareas cotidianas y, también, del interés por el prójimo. Al contrario, renovado con estos instantes de unión con el señor, el cristiano comprende que silencio sin apostolado es vacío egoísmo, y sin el cumplimiento del deber de cada momento es insensato. Con efecto, aquel que se entrega a momentos de una oración silenciosa pone en orden su interior y quiere, después, irradia paz, serenidad, tranquilidad, imperturbabilidad alrededor de sí mismo, haciendo bien todo que debe hacer bien a los demás. Solo así se llega a la sabiduria y la inteligencia espiritual que habla San Pablo a los Colosenses.

Esta sabiduria lleva a un comportamiento digno del Señor, todo transformando en pensamientos, deseos y acciones agradables a Él.

Es así que la vida del cristiano produce, de hecho, frutos abundantes y el epígono de Cristo crece contínuamente en el conocimiento de Dios en una sublime actitud perseverante y paciente (col 1, 9-11). Es necesario, por lo tanto, saber y degustar todas las alegrías de sentirse salvo amado por Aquel que es el oceano infinito de amor. Todo que ocurrió en el pasado queda confiado a la Providencia, y ella lanza el cristiano jubilosamente para el futuro, como enseña el referido San Pablo (Flp 3, 14). El día de Dios se convierte siempre presente, duración viva, sin tinieblas, tristezas y fobias. Es que los momentos de silencio se convierten en momentos felices en los cuales el alma como que,indescriptible, toca el infinito.

José Geraldo Vidigal de Carvalho

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