Las actitudes interiores para el Adviento

Al concluir el ciclo común del tiempo litúrgico, entramos, como Iglesia, en el tiempo de Adviento

Tiempo de Adviento: reconocimiento y de acogimiento del Señor que viene. Al reflexionar, litúrgicamente, en una dimensión celebrativa que busca el compromiso de vida, celebramos, en este período, a Jesucristo, en el tiempo y en la historia de los hombres. Él nos viene a traer la salvación. Es, por lo tanto, el tiempo de expectativa, y todo cristiano es llamado a vivirlo en plenitud, para que, dignamente preparado, esté en condiciones de recibir al Señor que viene.

Adviento

El Adviento contemplo, en el conjunto de su sentido espiritual, dos dimensiones fundamentales. El primero observa el misterio de la Encarnación, Jesús que se encarnó, asumiendo nuestra humanidad. Ya la segunda dimensión nos lleva al corazón, a la promesa de Jesucristo acerca de su segunda venida. Encarnación y la segunda venida de Jesús, son los dos aspectos que deben iluminar, como un faro, la buena vivencia de nuestra espiritualidad en este tiempo litúrgico.

¿Cuáles son las actitudes interiores propias para que el tiempo de Adviento no pase sin realizar un efecto eficaz en nuestra historia de vida?

Algunos consejos para una buena preparación para la venida del Señor

1.- mantenerse vigilante en la fe y en la oración, en una abertura atenta y disponible para reconocer las “señales” de la venida del Señor en todas las circunstancias y momentos de la vida, hasta el fin de los tiempos. O sea, vivir esa saludable y tan necesaria tensión escatológica, de aquellos que no se debilitan en el celo y en la expectativa del cumplimiento de las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. En las promesas de Jesús, reposa y se basan la solidez de nuestra esperanza. Una esperanza que no es circunstancial, sino sobrenatural y eterna. Rever la vivencia de bautismo, a la luz de esas verdades fundamentales, nos ayuda a disponer el corazón a Dios.

2.- Colocar la vida en el camino trazado por Dios, en el proyecto divino de salvación, o sea, en la voluntad salvífica de Dios. Eso significa no extraviarse por caminos tortuosos, sino convertirse para seguir a Jesús rumbo al Reino de Dios Padre. Esa constituye otra tensión saludable, que tampoco puede estar ausente de la vida de todo cristiano: tensión de conversión. Sin esa conversión nadie agrada a Dios, pues se pierde la esencial del hombre nuevo, el cual se encuentra en continua construcción, rumbo a la plenitud, que es Dios. Aquel que busca la conversión camina para todo lo que es de Dios; quien no la busca, camina hacia la nada de sí mismo para la nada de la vida.

3.- Ser testimonios de la alegría que Jesús Salvador nos trae, con caridad afable y paciencia para con los otros. Teniendo por comportamiento una abertura para todas las iniciativas de bien, por medio de las cuales ya se construye el Reino futuro en la alegría sin fin. Esto significa que la alegría salvífica debe estar siempre presente en la vida testimonial del cristiano, incluso en medio de las dificultades de la vida. Jesucristo es nuestra alegría y salvación, alegrémonos siempre por la gracia que nos fue concedida.

4.- Mantener un corazón pobre y vacío de sí, imitando a San José, a la Virgen María, Juan Bautista y otros pobres del Evangelio, en la humildad de quien sabe reconocer y acoger a Jesús, el Hijo de Dios, Salvador de la humanidad. Buscar y actualizar, en la vida, la centralidad del misterio de Cristo, que siempre nos favorece en la preparación rumbo al encuentro del Señor Jesús que viene a nosotros.

Acoger y reconocer al Señor

Participar de la Celebración Eucarística, en este tiempo de Adviento, significa acoger y reconocer al Señor, el cual, continuamente, viene a quedarse entre nosotros; es seguirlo en el camino que lleva al Padre. Con su venida gloriosa, en el fin de los tiempos, que Él nos introduzca, a todos juntos, en el Reino, para que “tomemos parte en la vida eterna” con los bienaventurados y santos del cielo.

.:Oremos por nuestra pureza en este adviento
.:Adviento: Preparad los caminos del Señor

Que la vivencia de este tiempo litúrgico sea fecunda en la vida de todos nosotros. Una caminata de recogimiento, que trae en si el potencial de purificar la vida en la justicia en la verdad, preparando los caminos del Señor. Que el Cristo no nos encontré pasivos, indiferentes, excesivamente preocupados con aquellos que pasa, al punto de no percibir el valor y la presencia del Eterno que viene a nosotros. Seamos todos activos y comprometidos en las actitudes interiores que el Señor nos llama a vivir, para que nuestra esperanza sea vivificada.

Tomemos cuidado con el materialismo y el exceso de actividades terrenas. Tales realidades son peligrosas y capaces de desviar y vaciar la vida de su verdadero y más profundo misterios: apuntar para una caminata perseverante rumbo a la eternidad. Se activo y concreto en sus respuestas de vida, en función del misterio celebrado y vivido. Cree para vivir con sabiduría la vida terrena, y viva intensamente de acuerdo con su fe, que sebe siempre apuntar para el Cielo. ¡Ése es el cristiano de verdad, sin falsedad, que camina con sabor de eternidad!

Padre Eliano Gonçalves – SJS

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