Quien ama a Jesucristo huye de la tibieza

Y busca los medios para evitarla

Capítulo VIII

QUIEN AMA A JESUCRISTO HUYE DE LA TIBIEZA Y BUSCA LOS MEDIOS PARA EVITARLA

REMEDIOS CONTRA LA TIBIEZA

Tercer remedio para alejar la tibieza: La meditación.

Frutos prácticos:

La meditación llena el cerebro de buenos pensamientos, el corazón de afectos hacia Dios y hacia lo eterno, y la voluntad de provechosos propósitos: Con razón repetía San Luis Gonzaga: “No habrá mucha perfección donde no haya mucha oración y mucha meditación”. La meditación nos hace evitar el pecado al pensar en la presencia de Dios y en las postrimerías que nos esperan: Muerte, juicio, infierno y Gloria. Nos despega de los bienes terrenos, haciéndonos pensar en los bienes eternos que nos esperan. Nos hace evitar el orgullo y crecer en humildad al recordarnos lo miserables y débiles que hemos sido y que seguimos siendo y al hacernos ver nuestra impotencia nos incita a recurrir a Dios con la oración. Pero si no dedicamos tiempos a la meditación, nos dejamos llevar por la disipación y caeremos en graves pecados.

Ahora se explica uno por qué San Francisco de Sales en su Filotea coloca como primerísima práctica para quién desea llegar a la santidad, dedicar cada día algún tiempo a la meditación, a pensar seriamente en Dios, en el alma y en los medios de conseguir la eterna salvación.

Los santos aprovechaban todas las ocasiones posibles para meditar. Así lo hacía el gran Sabio San Anselmo. Su principal discípulo dejó escrito de él lo siguiente: “Su alma gozaba meditando en Dios y en las maravillas de su poder y le gustaba meditar contemplando la naturaleza. Así cuando veía a alguien haciendo cacería de mariposas, pensaba en los que buscan los honores del mundo los cuales son como niños que caen en el precipicio, por buscar lo que vale tan poquito. Las llamas de un incendio le recordaban el inmenso amor que nos tiene Jesucristo, cuyo corazón es como un horno encendido en caridad hacia nosotros. La contemplación de un jardinero le recordaba que nuestra alma es como un jardín donde Dios quiere hacer florecer la más bellas virtudes. Cuando veía a un cazador que andaba por las montañas en busca de presas, el santo se ponía a pensar en los enemigos del alma que viven poniéndonos trampas para que caigamos en la muerte del pecado.” Y lo último que San Anselmo recomendó, unos momentos antes de morir, fue el que tengamos nuestra mente fija allá arriba donde nos esperan las dichas eternas. Repitió aquellas palabras de la Oración de la misa de un domingo: “Que nuestros corazones estén fijos allá arriba donde se hallan los verdaderos goces”.

Esto es meditación, y de la mejor manera que existe.

¡Sea para Gloria de Dios!

San Alfonso de Ligorio

fuente: Parte No.13
Este capítulo es extraído del libro, Prácticas de Amor a Jesucristo de San Alfonso de Ligorio

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