La humildad de María es el antídoto contra el orgullo

“¿Quién es esa que surge como la aurora, bella como la luna, resplandeciente como el sol, imponente como escuadrones con sus insignias?” (Cantares 6,10)

Maria siempre fue casta, humilde y simple. Fue su humildad la que atrajo los ojos de Dios sobre ella. ¿Sabes que fue lo que expulsó a Lucifer del cielo? su orgullo. El pecado de Lucifer fue el orgullo, la soberbia porque se quería igualar al Señor. Todo pecado vino al mundo por satanás. Sabemos que para todo veneno es necesario un antídoto para combatirlo. En este mundo, tomado por el orgullo, la humildad de Nuestra Señora es el antídoto. El Hijo de María vino al mundo para salvarnos del orgullo, de la vanidad y de la soberbia. ¡Mira cuánto Jesús se tuvo que humillar!

Podemos decir que María y Jesús formaron un par paravilloso. Primero, María, que se hizo humilde y obediente; después, Jesús que fue obediente hasta la muerte de cruz para salvar a la humanidad. De ellos dos vino nuestra salvación. Dios dio a Nuestra Señora, la más humilde de las criaturas, la tarea de rescatarnos y salvarnos junto con Jesús. No tengamos miedo de asumirla ahora como Madre.

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40-monsenhorTu hermano,
Monseñor Jonas Abi

 

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