Padre Roberto predica: San Pío, el vencedor.

Lee aqui: “La Misa es el drama del Calvario”. Prédica del P. Roberto.

San Pío decía en uno de sus escritos; “El temor que tienes por los pecados cometidos, ya confesados, viene del enemigo (…) abre tu corazón a la confianza del Señor, Él no es un duro justiciero como quiere pintártelo el demonio. Jesús es el manso Cordero de Dios que quita los pecados del mundo, Él quiere colocar en tu alma gemidos inefables de salvación” (San Pío)

Claro que San Pío es un hombre de sacrificios, él vivía el paraíso del calvario, que es la Santa Misa. El sabía lo que es el árbol de la vida, lo que es correr hacia él: Jesús es el árbol de la vida.

Cuanto más consumido se encontraba San Pío por sus sufrimientos, más iba al Altar. “anoche sentí que estaba siendo atormentado de una forma terrible, pero sentí también que en aquel momento mi alma era un alma escogida para seguir a Jesús, entonces con mi comportamiento, con mi alma, con mi corazón fui con Él al calvario, fui a Misa, y sentí mi corazón poseído por este amor de Jesús.”(San Pío)

Lo que Jesús quiere es que hoy tengamos una vida más entrenada. Es una lucha cada vez más fuerte la que se enfrenta para tocar ese árbol de la vida, del cual nos habla el Apocalipsis, que es Jesús, es cada vez más duro colocar nuestros pies en ese bendito paraíso del calvario que es la Santa Misa. Nosotros vamos entregando nuestra vida en un acto sublime de amor al Señor, esto exige de nosotros una lucha siempre más fuerte, siempre mas ardua por el Señor.

“Mi Dios, cuanta humillación pruebo, al ver todo lo que has obrado en esta pequeña criatura” (San Pío)

Puedes ver las fotos de San Pío, puedes leer sus escritos, todo esto revela la santidad de Dios, nos revela hasta donde Él es capaz de llevar a sus escogidos. ¿Cómo es que un hombre puede cargar en su carne, durante 50 años los estigmas de Jesús? Él mismo se decía: ‘que humillación llevar esto que llevo’. Sólo él podía saber y comprender lo que llevaba en su corazón, pero vean lo que es la santidad. Lo humillaba todo el amor de Dios. Él no es santo sólo porque arrancaba almas de las garras del demonio, durante la confesión, sino que también porque él reconocía la gloria de Dios en su carne, en su vida, porque él dio su vida entera a Dios, aun sin entender. Él decía: ‘ ¿mi Dios, por qué tanto amor?, ¿por qué es que subo al Altar y mi sangre se mezcla con la tuya?. Todo comenzó porque él no tuvo miedo de poner sus pies en el paraíso del calvario, porque él no tuvo miedo de comer del árbol de la vida.

Y nosotros hijos e hijas, ¿Cuántas veces tememos ser victoriosos en Cristo Jesús? Cuidado, cuidado con las artimañas del enemigo que quiere quitarte de las manos de Jesús, que quiere lanzar tu vida en el pecado del pasado, de aquel que Dios ya perdonó. San Pío, en la confesión, tomaba en sus manos, el alma de las personas. La confesión no es escuchar lo que quieres, no es poner en tu interior lo que deseas, la confesión es entrar en el alma de la persona. El sacerdote entra en el alma, la toma, la ama, y la lleva a la sangre de Cristo en el Sacrificio del calvario.

San Pío sabía muy bien que la confesión devuelve a la vida, la gracia santificante.

Mira cuanta sed debes tener de participar del paraíso del calvario, mira si das tu vida sin lamentación al Señor. Haz de tu vida un acto profundo de adoración al Señor, no quites a Dios de tus ojos.

“Siento en mi alma una profunda y siempre abierta herida (…)Mi Dios, cuanta humillación pruebo, al ver todo lo que has obrado en esta pequeña criatura” (San Pío)


Mira cuanta santidad, mira lo que es pisar la cabeza de Satanás con la humildad. Sentirse humillado por la gloria de Dios. ‘Tú lo eres todo, yo nada soy’. Él tenía de una forma muy particular, de una forma muy especial, la presencia de Jesús. No hay sacrificio sin entrega corporal, el sacrificio del alma lleva a la humanidad, al cuerpo al sacrificio. No hay sacrificio sólo del alma, el verdadero, lleva también al del cuerpo.

Nuestra batalla es única y es la última, no habrá otra. Si desistes, no habrá otra batalla, ahora es el tiempo de correr hacia el paraíso del calvario. Cuando Jesús muere en el calvario, se rasga el velo, salen los Querubines, el árbol de la vida ya puede ser tocado, Jesús abrió las puertas del paraíso, ¡ven, ya puedes entrar! Tú ya puedes tener a Dios como alimento,pero escucha lo que dice el Apocalipsis: “al vencedor se le será dado de probar del fruto del árbol de la vida”. Al vencedor, sólo al vencedor, así que, ¡corre! Ahora es el tiempo, ahora es el momento.

Cuando hablo de ‘adorar’ ¿cómo no recordar al Padre Pío? El don de las lágrimas que él tenía, el don de la fusión del corazón, o sea, su corazón fue algo así, te daré un ejemplo … cuando tomas un tornillo y lo introduces en la madera y conforme vas ajustándolo a la madera, más va saliendo la madera por los lados … fue así que San Pío fue sintiendo, fue doloroso, no fue fácil, el amor de Dios fue entrando, entrando, profundamente en el corazón de San Pío. Dios mismo va comulgando a San Pio, él que era rígido, áspero, juguetón, pero siempre, moldeado en Cristo, miren que hermosa santidad.
Al final de su vida, entrega aun más su vida.

“Cuando estés triste”, decía San Pío, “aqui tienes tres consejos”

1) Escucha una buena música 2) Recuerda a Jesús en el Huerto 3) Ten a tu lado a un buen amigo
Un hombre consagrado a Dios es un sacrificio. San Pío fue un vencedor.

“Abandona tu corazón al Señor, porque el enemigo anda diciendo que te perderás. Quédate tranquilo, porque el Señor está contigo como nunca, durante las tribulaciones. Recuerda el Salmo 90. El alma afligida está unida a Dios” Escribió para una persona amiga. Es lindo leer las cartas de San Pío porque podemos ver su humanidad y su corazón tan cercano al dolor del ser humano.

La Iglesia nos llama a ir hacia el árbol de la vida. (Ap 2, 7) “El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias: al vencedor le daré a comer del árbol de la vida, que está en el Paraíso de Dios.”
Es dentro de nosotros que todo comienza. Decisión interior. ‘Yo quiero correr hacia el árbol de la vida. Exorcizo todas las mentiras de santanás sobre mi santidad. Yo corro, yo deseo, yo quiero correr, y yo voy a correr hacia Dios, yo quiero tener a Dios, y voy a ir hacia Él’

Padre Roberto Lettieri
Fundador de la Toca de Assis

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