Un hogar alegre

La alegría es fundamental para el equilibrio del hogar

San Pablo dice a los tesalonicenses: “Estén siempre alegre en el Señor, les repito alégrense…” (I Ts 5,16).

La alegría es algo fundamental para la vida humana y, especialmente para el equilibrio del hogar. San Francisco de Sales, doctor de la Iglesia, enseñaba que “un santo triste es un triste santo”.

“No te dejes dominar por la tristeza, ni te abandones a tus preocupaciones. La alegría en el corazón es vida para el hombre… destierra la tristeza” (Eclo 30, 21s).

La alegría debe ser cultivada en el hogar, ella es el mejor oxígeno para el crecimiento tranquilo de los hijos. Y esa alegría viene de Dios. “Alégrense en el Señor”. Por tanto, toda queja, murmuración, reclamaciones, amargura y mal humor deben ser evitados para que el ambiente del hogar no quede tenso y pesado.

Cierta vez, asistí una palestra sobre prevención contra las drogas, en el colegio de nuestros hijos. Era un investigador de policía, que combatía el narcotráfico, quien profirió la clase. Concluyó diciendo a los padres allí presentes que la principal razón por la cual los hijos tantas veces se inician en las drogas, es la falta de cariño y amor de los padres y, sobre todo, por no encontrar en el hogar un local agradable para vivir.

Muchos hogares, por causa de las peleas y conflictos se vuelven verdaderos infiernos donde el hijo no soporta vivir, buscando, entonces, refugio en la calle, donde tantas veces el traficante está a su espera, de brazos abiertos, para ofrecer “el consuelo” que él no encontró en casa. Esto es muy serio.

Me quedé muy impresionado con la colocación de aquel investigador, sobre todo por no tratarse de un padre de familia, de un psicólogo, médico ni profesor, sino un policía.

Nuestros hijos no pueden ser “expulsos” del hogar por causa de sus conflictos internos. El hogar debe ser un nido de amor donde a los hijos les guste estar, inclusive con sus amigos. Ellos tienen ese derecho, pues el hogar es de ellos. Es claro que las normas de buena convivencia deben ser respetadas.

Sólo Jesús puede dar a la familia la paz que ella necesita. Sin vivir su mandamiento y sin el auxilio de su gracia, eso será imposible.

“Vengan a mí los que se sienten cargados y agobiados, porque yo los aliviaré… aprendan de mí que soy paciente de corazón y humilde… pues mi yugo es bueno, y mi carga liviana” (Mt 11,28-30).

Es dando gracias a Dios, en todas las circunstancias de la vida que le demostramos nuestra fe y vencemos todos los problemas. Él está viendo todo lo que se pasa en el hogar, y tiene el designio de salvación en cada acontecimiento.

“En toda ocasión den gracias a Dios: ésta es, por voluntad de Dios, vuestra vocación de cristianos” (I Tes 5,17).

Note que el Apóstol manda dar gracias “en todas las circunstancias”, y no apenas cuando todo va bien.

Dar gracias a Dios por todo, a toda hora, con fe, es el medio para vencer todas las dificultades y permanecer en paz en medio de las actividades.

Prof. Felipe Aquino
Comunidad Canción Nueva

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